
El castrismo se pone la soga al cuello
Por Yeison Derulo
La Habana.- Cuba volvió a decir que no. Pero no un “no” cualquiera, sino ese “no” de manual que viene acompañado de soberanía, discurso reciclado y cero intención de moverse un centímetro. El régimen dejó claro, a través de su embajador ante la ONU, Ernesto Soberón, que la liberación de presos políticos no forma parte —ni formará— de las negociaciones con Estados Unidos. Traducido al lenguaje de la calle: aquí se negocia lo que ellos quieran, no lo que realmente importa. Y mientras tanto, cientos de cubanos siguen tras las rejas por pensar diferente.
El contexto no es menor. Estas declaraciones llegan después de reuniones celebradas en La Habana el pasado 10 de abril, encuentros que, aunque discretos, estuvieron cargados de presión. La delegación estadounidense puso sobre la mesa exigencias concretas: cambios en la gobernanza, ajustes económicos y, por supuesto, la liberación de manifestantes del 11J.
La dictadura, fiel a su libreto, respondió con lo único que sabe hacer: cerrar filas y repetir que todo eso es un asunto interno, como si encarcelar a opositores fuera un detalle administrativo y no una violación sistemática de derechos humanos.
Soberón intentó maquillar la postura con un argumento que ya huele a viejo: cada país tiene su sistema legal y hay que respetarlo. El problema es que ese “sistema legal” en Cuba funciona más como herramienta de represión que como garantía de justicia.
Aquí no estamos hablando de delitos comunes, sino de ciudadanos castigados por salir a la calle, por protestar, por decir basta. Y aun así, el régimen pretende vender la idea de que todo se trata de legalidad y no de control político.
En tanto, desde Washington el tono sube. Donald Trump ha advertido sobre posibles sanciones más duras, incluyendo medidas en el sector energético e incluso escenarios de mayor confrontación. Ante eso, La Habana responde con otra frase de libreto: “nos estamos preparando para todos los escenarios”. Una declaración que suena a valentía, pero que en el fondo refleja otra cosa: un país acostumbrado a resistir… pero no a cambiar.
Al final, la negociación está estancada porque la dictadura no quiere soltar lo único que le garantiza mantenerse en pie: el control absoluto. Estados Unidos exige la liberación de presos políticos como condición clave. Cuba se escuda en su “soberanía jurídica” para no ceder.
En medio de ese pulso, el pueblo cubano sigue pagando el precio: apagones, escasez y represión. La famosa “carretera de dos direcciones” que menciona Soberón no existe. Aquí hay una sola vía, y lleva años bloqueada por los mismos de siempre.






