
El último cumpleaños de Díaz-Canel
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- Un día como hoy, hace sesenta y seis años, nació en Placetas el hombre que hoy ostenta el título de presidente cubano. Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez vio la luz en una provincia que el castrismo convirtió en sinónimo de miseria y resignación. Nadie en Placetas imaginaba entonces que aquel niño terminaría dirigiendo la última etapa de un régimen que ya agoniza.
Esta será su última celebración de cumpleaños en el poder, Incluso, puede que la última de su vida. Los halalevas que lo rodean —ministros, generales y oportunistas de turno— aún le dedican sonrisas y frases huecas. Mañana, cuando el calendario marque 20 de abril de 2027, esos mismos rostros habrán desaparecido o estarán buscando un culpable. La fiesta de hoy huele a despedida.
Porque el castrismo caerá este año. No es vaticinio de café. Es decisión tomada en Washington por Marco Rubio y Donald Trump. Solo resta saber si serán meses, semanas o días. Los Castro y su testaferro saben que el reloj corre en su contra. Díaz-Canel, atrapado entre la espada norteamericana y la pared de sus propios aliados, ya no controla ni el guion ni el final.
Raúl Castro lo traiciona en silencio. El hijo y el nieto del viejo comandante miran hacia otro lado. Incluso Sandro Castro, con su lengua suelta, ha dejado caer críticas que antes eran impensables. El supuesto presidente está solo. Acosado desde afuera por un embargo que ya no perdona y desde adentro por un clan que lo usa como escudo desechable.
¿Cuánto tiempo más puede resistir un hombre que nunca fue elegido y que ahora tampoco es respetado?
La calle cubana hierve. La economía se desmorona. Los militares calculan lealtades. Díaz-Canel, el ingeniero que prometió continuidad, se ha convertido en el símbolo perfecto del fracaso final.
El 20 de abril de 2027 lo encontrará muerto o preso, como Nicolás Maduro en su hora más oscura. Ese día ya no habrá halalevas. Solo quedará la verdad cruda: el último cumpleaños en el poder de un hombre que creyó que podía heredar una dictadura y terminó enterrándola.






