
La careta se cae, pero la estafa sigue intacta
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- Poco a poco, la oligarquía comunista se va quitando la careta. Y ojo, que esto no es ninguna teoría conspirativa ni un invento de la contrarrevolución de sofá. Es la realidad más cruda, la que ven los cubanos todos los días cuando se topan con empresas «privadas» que resultan ser de hijos de dirigentes, puestos a dedo con una descaro que ya ni disimulan. Agencias de viajes, alquiler de coches, envíos de dinero, paquetería, eventos… el catálogo de negocios es tan largo como la paciencia del pueblo. Todo bajo el mismo paraguas: gestionar las remesas y exprimir hasta el último dólar de la diáspora.
Ver vídeo de la mipyme del Cotorro: (https://www.facebook.com/reel/821407540369870)
Y lo peor no es que existan, porque en cualquier país normal eso se llama iniciativa privada. Lo peor es quién está detrás y con qué dinero. Porque resulta que mientras el cubano de a pie no encuentra ni un huevo en la bodega, en el Cotorro hay un almacén con montacargas que el Estado no tiene, naves refrigeradas, patios de contenedores y camionetas rotuladas que parecen sacadas de un catálogo alemán. ¿Inversión de millones? Sí, señor. Millones que, según el discurso oficial, no existen. Pero ahí están. Brillando. Mientras el pueblo apaga la nevera con un trapo mojado.
Los Pedrocarr de Las Tunas
Luego está el caso de «Transportes Pedrocarr», en Las Tunas. Autobuses de última generación, aire acondicionado, tecnología que el socialismo ni ha visto ni verá. Cada unidad cuesta entre 120 mil y 180 mil dólares. Y no son dos o tres, son una flota. Con bases de reparación, con logística, con todo lo que implica mantener eso en la isla. Y uno se pregunta: ¿de dónde sale la plata? ¿Quién paga esa factura? Porque el bloqueo, según nos cuentan, no deja entrar ni una aspirina. Pero para los autobuses de lujo, parece que sí hay permiso. Qué curioso, ¿no?
La respuesta es tan sencilla como repugnante: la cúpula financia estas empresas con los recursos que le ha robado al pueblo. Son hijos de dirigentes disfrazados de empresarios, que multiplican su capital a costa de la miseria que ellos mismos crearon. Es un neoliberalismo de Estado, pero solo para los amiguetes. Para el resto, racionamiento, colas y apagones. Porque eso sí, el discurso oficial sigue combatiendo la prosperidad… mientras la disfrutan ellos en silencio.
Bloqueo solo para algunos
Y ahora, con la nueva jugada de las remesas en dólares, la dolarización de los servicios se camufla a través de estas mismas entidades «particulares». Entonces la pregunta es obligada, y que me la responda quien pueda: ¿el bloqueo permite a ciertos «particulares» comprar alimentos, aseo, buses de lujo y maquinaria pesada, pero se lo impide al resto? ¿O será que el bloqueo no es el problema, sino la excusa perfecta para que unos pocos sigan nadando mientras el pueblo se ahoga?
Estamos ante una estafa en toda regla. Un gobierno podrido de mentiras que ya es incapaz de sostener su propio relato. La careta se cayó, pero ellos siguen actuando como si nadie hubiera visto nada. Y mientras tanto, Cuba sigue hundida, los buses de lujo siguen rodando y los hijos de los «pinchos» siguen riéndose del pueblo. Porque eso, amigos, no es socialismo. Es una mafia con himno y bandera.






