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Por Oscar Durán

La Habana.- En medio de apagones interminables, transporte colapsado y mercados vacíos, la gran innovación nacional no es resolver el desabastecimiento ni estabilizar la economía, sino lanzar una plataforma digital llamada Nidazo. Claramente, el problema de Cuba nunca fue la falta de productos, sino que todavía no existía una aplicación suficientemente moderna para organizar la miseria. Ahora el cubano podrá buscar con mayor eficiencia aquello que tampoco encuentra en la vida real.

Con bombos y platillos se anunció que Nidazo ya suma 1 200 usuarios y promete revolucionar el comercio electrónico cubano. La noticia genera una mezcla curiosa entre risa y desconcierto: una isla donde comprar pollo parece una misión de supervivencia, pero donde te aseguran que tendrás “el mercado en tu bolsillo”. Lo único que falta aclarar es qué mercado exactamente, porque en el bolsillo el cubano ya carga inflación, tarjetas vacías y una lista eterna de necesidades sin resolver.

La plataforma presume de conectar emprendedores con compradores, integrar chat interno, facturas automáticas, mapas empresariales y hasta contabilidad financiera. Una maravilla tecnológica digna del Silicon Valley tropical. Todo muy bonito, salvo por ese pequeño detalle de que buena parte del país pasa horas sin electricidad y con una conexión a internet que a veces parece enviada por palomas mensajeras fatigadas.

Pero detrás del discurso modernizador hay otro aroma menos inocente. Cuando una plataforma integra cuentas fiscales, estadísticas, facturación y trazabilidad de negocios en un ecosistema tan controlado como el cubano, la sospecha llega sola. Más que facilitar ventas, Nidazo parece una elegante manera de ponerle GPS a cada movimiento económico del ciudadano. Si antes vendías discreto, ahora podrás hacerlo con interfaz amigable y supervisión potencial incluida.

Lo fascinante de todo esto es la desconexión absoluta con la realidad. Cuba se cae a pedazos, pero la narrativa oficial insiste en vender progreso digital como si una aplicación pudiera maquillar el colapso estructural. Nidazo no resuelve la escasez, no baja precios, no llena refrigeradores ni garantiza combustible. Apenas convierte el caos en algo un poco más ordenado. Es, en esencia, la versión tecnológica del país: una vitrina medianamente bonita para administrar ruinas.

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