Por Anette Espinosa ()
La habana.- ¿Hasta cuándo, Cuba? ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando que un cirujano que salva vidas tenga que operar con el estómago vacío, después de una noche de apagones y sin haberse podido ni tomar un café porque no hay gas ni corriente? El doctor Yonardo Fonseca Mesa no inventó nada. Solo dijo en voz alta lo que miles de médicos cubanos susurran en los pasillos con miedo a represalias. Y lo que dijo duele, pero duele más saber que tiene toda la razón. Este hombre, que se declara abiertamente contra el Régimen castrista, puso el dedo en la llaga de un sistema sanitario que el gobierno vende como «modelo para el mundo», pero que en la realidad es un cascarón podrido.
Llegó a operar a dos pacientes con cáncer, dos vidas humanas que dependían de sus manos, y se encontró con un funcionario de medio pelo dándole órdenes absurdas: que se baje del ascensor porque era «solo para pacientes». O sea, el cirujano que va a abrir un pecho o un abdomen, que va a cortar un tumor, que tiene el peso de una vida en sus dedos, tiene que subir escaleras mientras el ascensor lo usa el burócrata de turno. ¿Qué clase de prioridades son esas? ¿Dónde quedó la supuesta «revolución humanista»? Esto no es salud pública, señores: esto es teatro del absurdo con pacientes reales como víctimas.
El silencio detrás
Pero el colmo de la indignación llega con el salario: 8,800 pesos cubanos, que son 17 miserables dólares al mes. Con eso no se compra ni papel higiénico, dijo. Y no exageraba. Un cirujano, alguien que estudió más de una década, que tiene vidas en sus manos, que trabaja sin recursos, sin electricidad, sin instrumental digno, cobra menos de lo que cuesta una cena para dos en cualquier restaurante de Miami. Y encima lleva cinco años pidiendo la «liberación» —porque en Cuba ni siquiera puedes renunciar a tu profesión sin permiso del Estado— y no se la dan. ¿Cinco años pidiendo salir de tu propio país? Eso no es un trabajo, eso es una condena.
Y entonces uno se pregunta: ¿dónde está la prensa internacional que tanto aplaude el sistema de salud cubano? ¿Dónde están los intelectuales orgánicos que firman declaraciones de apoyo a la «revolución»? Porque si esto fuera Venezuela o Nicaragua, ya habría decenas de artículos indignados. Pero como es Cuba, el mismo régimen que encarcela y exilia a sus médicos disidentes sigue recibiendo medallas de la OMS.
¿Seguimos mirando a otro lado?
El doctor Fonseca Mesa hizo lo que muchos no se atreven: dijo basta. Y lanzó una advertencia que debería helar la sangre del Ministerio de Salud Pública: «La próxima vez, no operaré ni a la madre que me parió».
Esa frase no es capricho. Es el grito de alguien que llegó al límite. De un profesional humillado, malpagado, sin recursos, que cada día tiene que elegir entre su dignidad y el juramento hipocrático. Y mientras tanto, los líderes del Régimen siguen viajando, con salud de lujo en clínicas extranjeras, mientras sus cirujanos se preguntan si hoy habrá gas para cocinar.
Así no se construye un sistema de salud. Así se construye una fuga de cerebros, una hemorragia de talento, un cementerio de vocaciones. El dedo ya está en la llaga. La pregunta es: ¿alguien va a hacer algo, o seguimos mirando para otro lado mientras Cuba se desangra?
Post Views: 37