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Por Albert Fonse () Cuba necesita un Plan Balcerowicz. Fue el plan que permitió a Polonia salir de una economía comunista colapsada y transformarse en una economía de mercado real en cuestión de años.

Para entender su magnitud hay que mirar el punto de partida. Polonia, hasta 1989, estaba bajo la órbita directa de la Unión Soviética y gobernada por el Partido Obrero Unificado Polaco, un partido comunista alineado con Moscú. No era una economía ineficiente, era una economía rota. Inflación descontrolada que rozaba el 600 por ciento anual, escasez crónica de productos básicos, empresas estatales que producían pérdidas constantes, una moneda sin credibilidad y una deuda externa asfixiante. La planificación central había destruido los incentivos, la productividad y la capacidad de generar riqueza.

En ese contexto emerge Leszek Balcerowicz, con una claridad que marcó la diferencia. No propuso reformar el sistema, propuso sustituirlo. Influenciado por principios cercanos a la Escuela Austriaca de Economía y por autores como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, entendía que el control estatal sobre precios, crédito y producción no solo era ineficiente, era incompatible con cualquier forma de prosperidad.

Medidas ejecutadas con precisión

El Plan Balcerowicz no fue un discurso, fue un paquete legal ejecutado con precisión. A partir del 1 de enero de 1990, tras la aprobación de once leyes clave por el parlamento polaco y la firma del presidente Wojciech Jaruzelski, se desmontó la economía socialista desde su base.

Primero, se eliminó la garantía de supervivencia de las empresas estatales. Por primera vez, podían quebrar. Esto obligó a que cada empresa tuviera que sostenerse por su propia eficiencia y no por subsidios. El resultado fue inmediato: muchas empresas improductivas desaparecieron, pero al mismo tiempo se liberaron recursos, capital y mano de obra que comenzaron a moverse hacia sectores más productivos, creando una base real para el crecimiento.

Segundo, se prohibió al banco central financiar el déficit del Estado. Esto cortó de raíz la emisión de dinero sin respaldo, que era la causa principal de la hiperinflación. Al eliminar esa práctica, la inflación dejó de ser un fenómeno incontrolable y empezó a caer de forma acelerada, devolviendo estabilidad a la economía y confianza a la moneda.

Tercero, se eliminaron los privilegios crediticios a empresas estatales y se alinearon las tasas de interés con la inflación real. El crédito dejó de ser un instrumento político y pasó a asignarse según criterios económicos. Esto permitió que el dinero comenzara a fluir hacia actividades rentables y sostenibles, mejorando la eficiencia del sistema financiero y fomentando inversiones reales.

Evitar espiral inflacionaria

Cuarto, se impuso disciplina salarial para evitar una espiral inflacionaria. Se limitó el crecimiento de los salarios nominales para que no alimentaran el aumento de precios. Esto frenó el ciclo en el que salarios y precios se empujaban mutuamente hacia arriba, ayudando a estabilizar la economía en una etapa crítica.

Quinto, se unificó el sistema fiscal, eliminando distorsiones entre sectores. Antes, el sistema estaba lleno de privilegios y excepciones que favorecían a empresas estatales. Al crear reglas iguales para todos, se estableció un entorno más transparente y predecible, lo que facilitó la inversión y la competencia real.

Sexto, se facilitó la creación de empresas privadas. Se redujeron barreras burocráticas y se permitió que cualquier ciudadano pudiera emprender. Esto liberó una enorme energía productiva que había estado reprimida durante décadas, generando nuevas empresas, empleo y crecimiento desde abajo.

Séptimo, se liberaron los precios. Los precios dejaron de ser fijados artificialmente por el Estado y comenzaron a reflejar la oferta y la demanda. Esto eliminó la escasez crónica, porque ahora producir era rentable, y permitió que los recursos se asignaran de manera más eficiente en toda la economía.

Fin al monopolio del Estado en el comercio exterior

Octavo, se eliminó el monopolio estatal del comercio exterior. Las empresas privadas pudieron importar y exportar directamente. Esto integró a Polonia en la economía global, aumentó la competencia, mejoró la calidad de los productos y abrió la puerta a la inversión extranjera.

Noveno, se introdujo la convertibilidad de la moneda. El zloty dejó de ser una moneda cerrada sin valor internacional y pasó a poder intercambiarse libremente. Esto generó confianza, facilitó el comercio internacional y atrajo capital extranjero.

Décimo, se aplicaron impuestos adicionales a empresas estatales que intentaran operar bajo la lógica anterior. Esto las obligó a adaptarse a las nuevas reglas del mercado o desaparecer. El resultado fue una transformación real del comportamiento empresarial, eliminando la dependencia del Estado.

Undécimo, se estableció una red básica de protección social, incluyendo subsidios de desempleo. Esto permitió amortiguar el impacto del ajuste, evitando un colapso social mientras se producía la transición económica.

Ese conjunto de medidas no fue parcial. Fue una demolición controlada del sistema socialista y la construcción inmediata de una economía de mercado.

Una ruptura total con el comunismo

El impacto inicial fue duro. Caída del poder adquisitivo, aumento del desempleo y una sensación de choque en la población. Pero en pocos años, la inflación se desplomó, la inversión extranjera comenzó a llegar y el sector privado empezó a expandirse. Polonia dejó atrás el estancamiento y entró en una fase de crecimiento sostenido que la convirtió en una de las economías más dinámicas de Europa.

La lección es clara. No existe una salida suave del comunismo. No existe una versión funcional del modelo. Intentar mantener estructuras estatales mientras se habla de reformas solo prolonga la crisis.

Una Cuba libre necesita un plan económico de ruptura total para salir del comunismo. Un programa incluso más radical que el Plan Balcerowicz, más libertario, que elimine el control estatal sobre la economía, garantice la propiedad privada sin ambigüedades, abra completamente el comercio, estabilice la moneda y atraiga capital con reglas claras. Sin eso, no hay transición real, solo la continuidad del mismo fracaso.

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