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Muere Diego Carcedo, un referente del periodismo español

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Se ha hecho un silencio distinto en la tarde de hoy en el mundo del periodismo. Ha doblado la esquina del tiempo el periodista Diego Carcedo, una figura cuya andadura profesional dejó una huella imborrable en la radio y la televisión públicas de España. Nacido en Cangas de Onís, Asturias, el 24 de marzo de 1940, Carcedo nos deja a los 86 años, tras una vida dedicada a la información con rigor y pasión.

Su nombre ha quedado intrínsecamente ligado a RTVE, la casa donde desarrolló casi toda su carrera. Desde sus inicios en la prensa escrita, en el diario ovetense La Nueva España, Carcedo supo que su vocación residía en la inmediatez y el alcance de los medios audiovisuales. Fue corresponsal en el extranjero, redactor, enviado especial y llegó a ocupar puestos de máxima responsabilidad como director de los Servicios Informativos de TVE y director gerente de Radio Nacional de España (RNE) entre 1991 y 1996. Su labor como miembro del consejo de administración de RTVE, y su papel en la propuesta de miembros para dicho consejo, demuestran su compromiso con el servicio público.

Como bien dice el refranero popular, “árbol que nace para el bien, rara vez se seca”. La vida de Diego Carcedo fue un claro ejemplo de ello, un servicio constante al periodismo y a la información veraz. Sus reportajes le llevaron a más de un centenar de países, cubriendo acontecimientos de trascendencia histórica: los últimos días de la guerra de Vietnam, el inicio del conflicto centroamericano, las guerras en Oriente Próximo, la Revolución de los Claveles en Portugal, el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, o los devastadores terremotos de Managua, Perú, Sicilia e Irán. Una labor titánica que le permitió entrevistar a más de treinta jefes de Estado y de Gobierno, demostrando una capacidad única para estar en el centro de la noticia.

La huella de un reportero incansable

Los comienzos de este diplomado en Periodismo y licenciado en Historia se sitúan en la década de los 60. Tras su paso por la prensa escrita y la agencia Pyresa, Carcedo se adentró en el periodismo de investigación y reportaje en TVE en 1974. Fue en el programa “Los reporteros” donde su talento brilló con luz propia, permitiéndole documentar la realidad global con una profundidad y una cercanía admirables. Su paso por la corresponsalía de TVE en Portugal y, posteriormente, en Estados Unidos, le brindó una perspectiva internacional fundamental para comprender los entresijos del poder y las dinámicas globales.

Tras ser destituido de su cargo en la corresponsalía de EEUU por Pilar Miró, Carcedo demostró su resiliencia pidiendo la excedencia y explorando otras vías profesionales. Trabajó como delegado de la agencia EFE en Nueva York y colaboró con diversos medios, demostrando que su pasión por la información trascendía las estructuras institucionales. Su regreso a la dirección de los Servicios Informativos de TVE en 1989 marcó un hito, antes de asumir la dirección de RNE, donde dejó su impronta.

Un legado de libros y premios

Diego Carcedo no solo fue un hombre de medios, sino también un profundo conocedor de la historia y un escritor prolífico. Su obra literaria incluye títulos como “Fusiles y claveles” (1999), “Un español frente al holocausto” (2000) y “Entre bestias y héroes. Los españoles que plantaron cara al holocausto”, galardonado con el Premio Espasa de Ensayo en 2011. Estos libros son testimonio de su interés por los episodios cruciales de la historia contemporánea y por las figuras que, a menudo en la sombra, marcaron la diferencia.

A lo largo de su carrera, Carcedo fue reconocido con numerosos galardones, entre ellos el Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo (1985), la Antena de Oro extraordinaria de 1992 y el Premio APEI. Su presidencia internacional y luego española de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) subraya su compromiso con la profesión y con la defensa de un periodismo de calidad y europeo.

Nos queda el consuelo de su obra, de su legado periodístico e intelectual. Diego Carcedo se fue como viven los grandes: sin pedir permiso, dejando tras de sí una estela de rigor, humanidad y dedicación. Cuba hoy es un poco más silenciosa, como lo es el mundo del periodismo que pierde a uno de sus pilares. Paz para su alma y luz para su camino.

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