El cuento de la buena pipa

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Por Alina Arcos Fernández-Britto

La Habana.- El reciente anuncio del gobierno cubano de indultar a 2010 sancionados como parte de un proceso de otorgamiento de beneficios penitenciarios, no es un «gesto humanitario» ni «una práctica habitual de la trayectoria humanitaria de la Revolución», es pura y burda manipulación política.

Es un guiño al Vaticano y a la administración Trump, mientras ganan tiempo en una apuesta para mantenerse en el poder per secula seculorum.

Incluir la categoría «delitos contra la autoridad» entre las que se descartan para otorgar el indulto, implica que con seguridad quedarán presos políticos en las cárceles, y nos permite anticipar que no serán pocos.

Para el gobierno, ellos son tan excluibles como los asesinos y los pederastas. Al mismo nivel. Así de maquiavélicos y retorcidos pueden llegar a ser.

Si es indulto y no amnistía, expira la sanción pero no el delito ni los antecedentes penales. En consecuencia, muchos de los presos políticos que ahora excarcelen, volverán a prisión…por nada. Al menos por nada que sea considerado delito en cualquier país civilizado y democrático del mundo. Eso sí ha sido una práctica habitual de la Revolución Cubana en el trato con sus opositores, desde su surgimiento.

La evidencia demuestra que la represión en Cuba sigue aumentando exponencialmente cada día. Por tanto, esta medida solo conllevará a un recambio de rehenes en las cárceles. Y será así mientras ellos-tan «benévolos» e históricamente «humanitarios»- detenten el poder. Eso es lo que tiene que cambiar.

El reclamo ciudadano por la libertad inmediata y sin condiciones de los presos políticos, no es para unos cuantos de 553, ni de 51, ni de los 2010 de ahora.

Nuestro reclamo los incluye a todods, absolutamente a todos los presos políticos.

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