Ni en sus peores pesadillas el régimen cubano pudo imaginar que el espejo les devolvería una imagen tan cruda. Polonia, un país que hasta hace poco mantenía relaciones diplomáticas cordiales, ha elevado la alerta de viaje a Cuba al nivel 4, el máximo posible, desaconsejando categóricamente todos los desplazamientos a la Isla. ¡Atiza! La medida, comunicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores polaco, es un bofetón de realidad que desnuda el colapso integral que sufre la sociedad cubana.
Las razones esgrimidas por Varsovia son un calco de la miseria que se vive a diario en la Mayor de las Antillas: “la creciente crisis energética y de combustible, y, por lo tanto, la dificultad de prestar asistencia en situaciones de emergencia, las restricciones al transporte aéreo a Europa, así como el riesgo de disturbios sociales”. Vamos, que el huevo quiere sal, y la gallina ya no pone.
El racionamiento de gasolina, las restricciones de acceso al diésel (incluido el combustible para aeronaves) y los cortes de luz que se prolongan durante horas son solo la punta del iceberg. El comunicado polaco advierte de la posibilidad de protestas generalizadas, incluso en La Habana, debido a estos apagones. ¡A cada puerco le llega su 31!
Pero la cosa no queda ahí. La delincuencia común, alimentada por el empobrecimiento galopante, está desatada. Robos en hoteles y casas particulares, asaltos a vehículos, bolsos, joyas y teléfonos celulares son cada vez más frecuentes. Y para rematar, la Policía local, más preocupada por reprimir disidentes que por resolver delitos, ofrece pocos resultados. ¡Dime de qué alardeas y te diré de qué careces!
En el plano sanitario, la situación es igualmente alarmante. Cuba atraviesa una epidemia de hepatitis A, dengue, chikungunya, Zika y oropouche, con el agravante de la contaminación del agua. Beber agua embotellada se ha vuelto un lujo, y las carreteras, un campo de minas por la noche. ¡Tremendo palo!
Y para colmo, los precios en las tiendas cubanas, en comparación con Polonia, son dos o tres veces más altos. ¡Cuentos de camino! Mientras el régimen se jacta de libertad y democracia, la realidad es un callejón sin salida, un infierno para los turistas y una pesadilla para los cubanos.
Las relaciones políticas entre La Habana y Varsovia, ya tensas tras el Premio Solidaridad Lech Walesa a Berta Soler, se han deteriorado aún más. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, reaccionó airado, pero el polaco, Radoslaw Sikorski, le recordó que el premio honra a quienes luchan por la libertad. ¡No están ni se les espera!
Polonia no es la única que ha levantado la voz. Alemania, Canadá, España, Argentina, Suiza, Irlanda, Reino Unido, Noruega, Ucrania y hasta Rusia han emitido alertas similares, centradas en la crisis sanitaria. El destino Cuba se ha convertido en un infierno del que los turoperadores mundiales huyen despavoridos. ¡Se acabó lo que se daba!
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