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«150 años de revolución»…
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Cuando Miguel Díaz-Canel suelta con solemnidad que Cuba tiene “más de 150 años de revolución”, uno podría pensar que está apelando a la épica. Pero no. Lo que está haciendo, en realidad, es mezclando todo en una sola licuadora ideológica. Porque si hablamos de 150 años de revolución, estamos hablando también de las guerras de independencia contra España. Y aquí viene la joya: Lo dice frente a Pablo Iglesias Turrión… alias “El Coleta”. Un español. Es decir, mientras evoca la lucha contra el colonialismo español, tiene delante; muy desenfadado, “muy solidario” a un representante político del mismo país contra el que supuestamente comenzó esa “revolución”.
Pero tranquilos, que la incoherencia no termina ahí. Para que Cuba dejara de ser colonia española en 1898 hizo falta algo más que consignas. Hizo falta la intervención de Estados Unidos en la Guerra Hispano-Estadounidense. Sí, el mismo Estados Unidos que hoy presentan como el enemigo absoluto… mientras Canel se sienta cómodamente, sin el menor pudor, junto a un representante del país que fue el colonizador original.
Una escena que retrata algo más profundo: no es la superación de la historia, es su reciclaje. Porque al final terminan coincidiendo en lo esencial: un modelo de poder que ha mantenido al pueblo cubano sin derechos, reprimido y empobrecido. Cambiaron los discursos y los actores… pero el resultado ha sido el mismo: un país sin libertad y una nación cada vez más vaciada. O sea, en versión resumida. Sin Estados Unidos, España no se iba tan fácil… y no solo de Cuba, también de Puerto Rico y Filipinas. España no pudo sostener tres frentes a la vez. Y sin esas derrotas, no habría surgido la república cubana. Y sin esa incipiente república, no hay nada que después puedan llamar “revolución”. Pero ese detalle… mejor borrarlo. No encaja en el guion y entonces a reescribir la historia.
Luego viene la otra perla: la idea de que “millones de cubanos” estarían dispuestos a defender «la revolución», incluso a dar la vida. Aquí ya entramos en el terreno de la ficción, porque el tirano habla de una revolución que no existe.
Porque mientras el Tirano cómodamente en su palacio habla de heroísmo colectivo, en la calle lo que se escucha es otra cosa: protestas contra apagones interminables y cada vez más frecuentes en todos los rincones del país, consignas contra el sistema, ¡abajo el comunismo!, ¡abajo la dictadura!, ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!, tenemos hambre y para rematar, gente invocando a Donald Trump como si fuera una tabla de salvación y no faltan los que piden intervención humanitaria.
Sí, al mismo “enemigo” que un rayadito y un español dicen compartir. Ese pequeño detalle que destruye toda la narrativa épica en cuestión de segundos. Porque un pueblo que pide ayuda afuera no está precisamente organizándose para morir por lo de adentro.
La revolución que necesita reescribir la historia para sostenerse ya perdió la batalla con la verdad. Y la que dice tener “millones dispuestos a morir, pero no puede evitar que millones quieran escapar… no está defendida por un pueblo, sino sostenida por un relato y los relatos, cuando chocan con la realidad,
no resisten… se derrumban.