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El que se fue, no vuelve a invertir: la trampa del capital para los cubanos en el exterior

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Por Max Astudillo ()

Jorge Sotero () El gobierno cubano ha abierto la puerta a las inversiones de los cubanos en el exterior. Suena bonito, suena a reconciliación, suena a que por fin entienden que sin capital no hay futuro. Pero basta mirar la foto fija de los últimos 67 años para entender que esto no es una oportunidad, es una trampa.

El mismo gobierno que en 1960 confiscó todo lo que tenía nombre de propiedad privada, el mismo que nacionalizó la agricultura, la industria y el transporte hasta dejarlos en niveles paupérrimos, el mismo que ha destruido sistemáticamente cada intento de iniciativa privada, ahora te dice: «Ven, trae tu dinero, confía en nosotros». ¿En serio?

Si tú eres un cubano que se fue de la isla, que lo perdió todo o que lo construyó todo fuera, tienes que hacerte una pregunta antes de siquiera pensar en invertir: ¿en qué país vas a poner tu dinero? ¿En el mismo donde las leyes cambian según el capricho de un funcionario? ¿En el mismo donde el Estado controla hasta el salario que le pagas a tus empleados y la forma en que se lo pagas?

¿O en el mismo donde la propiedad no es sagrada, donde los contratos se rompen con un decreto, donde la incertidumbre es la única certeza? La respuesta es obvia, pero duele: no. Jamás pondrías tu dinero ahí. A menos que te sobre, a menos que quieras hacer caridad, a menos que creas que el castrismo va a cambiar de la noche a la mañana.

No se puede confiar en el castrismo

El gobierno cubano habla de «apertura» y de «nuevas oportunidades». Pero la apertura es solo en el discurso. En la práctica, el Estado sigue siendo el dueño de todo. La banca es estatal, los puertos son estatales, las aduanas son estatales, los permisos son estatales, la policía es estatal. Y lo que el Estado da, el Estado quita.

Lo que hoy es una concesión, mañana es una expropiación. La historia está llena de ejemplos, desde los campesinos que perdieron sus tierras hasta los pequeños empresarios que vieron cerrar sus negocios por capricho. ¿De verdad crees que con los millones que has sudado fuera, vas a arriesgarte a que un burócrata de La Habana decida tu destino?

Y luego está el tema de la confianza. ¿Confías en un gobierno que miente sistemáticamente? ¿Confías en un gobierno que dice una cosa y hace la contraria? ¿Tienes fe en un gobierno que tiene presos políticos, que reprime a los que protestan, que mantiene a su pueblo en la miseria mientras sus dirigentes viven en la opulencia?

Si confías, entonces no has aprendido nada de la historia. Si confías, entonces mereces que te timen otra vez. Porque esto no es una oportunidad de inversión, es un salvavidas que el régimen lanza desesperado para no hundirse. Y tú, cubano en el exterior, no eres un inversionista para ellos. Eres un botín. Un fondo de rescate. Un salvavidas.

Un riesgo tremendo todo el tiempo

La incertidumbre no es un riesgo calculable. Es el pan de cada día en Cuba. Un país donde no hay leyes que protejan al inversor, donde los contratos son papel mojado, donde la propiedad privada es un concepto difuso, donde la corrupción campa a sus anchas.

Un país donde los mismos personajes que nacionalizaron todo hace 67 años siguen en el poder, ahora con traje de empresarios, con hijos y nietos en los negocios, con las manos metidas en todas las cajas. Invertir en Cuba hoy es como poner tu dinero en un casino donde la banca siempre gana. Y la banca, aquí, se llama Partido Comunista, GAESA, Familia Castro…

Así que si me preguntas, yo te digo: no lo hagas. Guarda tu dinero, invierte en otro lugar, espera. Porque el día que Cuba sea libre, el día que el comunismo ya no sea el cáncer que tiene sepultado al país, entonces sí, podrás volver. Podrás invertir con seguridad, con leyes que te protejan, con tribunales independientes, con un Estado que respete la propiedad privada.

Ese día llegará. Pero mientras tanto, no seas ingenuo. No te dejes engañar por un discurso de apertura que esconde la misma vieja dictadura de siempre. El que se fue, no vuelve a invertir. El que se fue, vuelve cuando esto se haya acabado. Y solo entonces.

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