Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Comparte esta noticia

Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Cuando Israel Rojas dice que el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate era «inevitable», uno se pregunta qué manual de cinismo estudió para llegar a esa conclusión. ¿Inevitable? ¿Lo inevitable era que cuatro pilotos civiles, desarmados, volando en espacio aéreo internacional, fueran derribados por misiles disparados desde un MIG-29 cubano?

¿Lo inevitable era la celebración eufórica de los pilotos militares, grabada en las comunicaciones de aquel 24 de febrero de 1996: «¡Le dimos, cojones! ¡Le partimos los cojones!»? Eso no fue un acto de guerra, Rojas. Fue una ejecución. Pero usted lo llama «inevitable». Como si los pilotos del MIG hubieran estado defendiéndose de un F-16 artillado hasta los dientes y no de unas avionetas civiles que ni siquiera llevaban armas.

Usted dice eso de que «claro que veo a los corruptos». Y dice que sabe «de nuestras mierdas internas y de los traidores a la causa que se creen bárbaros y salen en las fotos de día mientras en las noches andan de bar en bar en plena crisis». Palabras bonitas, Israel. Letra de canción, tal vez. Pero dígame una cosa: ¿por qué nunca dice los nombres? ¿Por qué nunca denuncia a esos corruptos? ¿Por qué no los señala con el dedo, uno por uno, para que los cubanos sepamos quiénes son los que se llenan los bolsillos mientras el pueblo se muere de hambre? ¿O será que esos corruptos son los mismos que le han permitido a usted salir de su supuesta pobreza en Guantánamo para convertirse en un habanero de alcurnia que ahora pasea por Madrid de la mano de Cristina Escobar, la vocera del régimen?.

La doble moral

Ahí está la foto que lo delata, Israel. Usted y la periodista oficial, viajando juntos, confirmando lo que muchos sabían desde hace años. Y no hay nada de malo en tener pareja, claro que no. Lo malo es pretender que uno es un hombre del pueblo, un defensor de los pobres, mientras se codea con la flor y nata del aparato propagandístico de la dictadura.

Lo malo es hablar de ética y decencia mientras su actual pareja trabaja para un sistema que encarcela a los que piensan diferente, que reprime a los que protestan, que mantiene a los presos políticos en condiciones infrahumanas. ¿Dónde queda su compromiso con los pobres, Israel?

Usted dice que viene «de piso de tierra». Lo canta, lo repite, lo convierte en himno. Pero si viene de la pobreza, si conoce el hambre y la necesidad, ¿cómo es posible que defienda a un gobierno que ha mantenido a millones de cubanos en la miseria más absoluta durante 67 años? ¿Cómo es posible que mire hacia otro lado mientras las farmacias están vacías, los hospitales no tienen anestesia y los niños se acuestan sin comer?

Usted tiene paneles solares, Israel. Tiene nevera llena, tiene gasolina para su carro, tiene whisky los fines de semana. Usted es de los cómodos. De esos que predican la resistencia desde la comodidad de su burbuja, mientras los que de verdad sufren, los que no tienen luz ni agua ni comida, no saben si estarán vivos mañana.

Eres solo un juglar domesticado

En su casa no hay bloqueo, Israel. En la casa de los Castro no hay bloqueo. Tampoco en la casa de Díaz-Canel, de Manuel Marrero, de los generales y los secretarios del Partido, no hay bloqueo. Ellos tienen gasolina, tienen vacaciones en los cayos, tienen viajes al extranjero, tienen comida abundante y bebida copiosa, lo mismo que tú.

El bloqueo es para el pueblo, para los que hacen cola, para los que no pueden comprar ni una aspirina. Pero usted, que tanto habla de la cultura cubana, que tanto defiende al sistema, ¿por qué no les exige a esos dirigentes que vivan como vive el pueblo? ¿Por qué no les pide que se quiten los privilegios y compartan la miseria que ellos mismos han creado?

Usted dice que le importa que vuelva a haber espacios de oportunidad para los humildes. Dice que quiere que la gente de origen pobre como usted tenga espacios de realización desde la educación, la ética y la decencia. Pero se pone del lado del gobierno que ha hundido al país en la miseria. Se pone del lado de los que mantienen a los pobres cada vez más pobres, de los que mienten, manipulan y engañan.

Y entonces uno se pregunta: ¿de qué lado está usted realmente, Israel? Porque las palabras se las lleva el viento. Pero las fotos, las fotos quedan. Y hasta ahora, no hay una foto suya, o un vídeo, que demuestre que está con los pobres, que critica al régimen, o que es un hombre justo. Usted, si acaso, es un juglar al servicio de la dictadura.

Deja un comentario