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Por Albert Fone ()

Vancouver.- Una de las cosas más claras que he podido ver con el paso del tiempo, y para bien, es cómo la llegada del internet y la lucha por la libertad de Cuba nos han unido como nunca antes. Durante años, el régimen se encargó de sembrar diferencias entre nosotros, de dividirnos por regiones, por acentos, por prejuicios absurdos. Esa fragmentación no fue casual, fue una estrategia. Un pueblo dividido es más fácil de controlar.

Los cubanos que viven en Europa, en Norteamérica, en América Latina, los de dentro de la isla o en cualquier parte del mundo, nos hemos unidos por el internet cómo si nos conociéramos de toda la vida. Hemos conectado generaciones, hemos aprendido juntos, la lucha por la libertad nos ha unido. Hemos pasado años interactuando, compartiendo historias, denunciando abusos, aprendiendo juntos. Esa conexión no distingue geografía. El que está en Cuba también participa, también ve, también opina, también se informa en tiempo real. El internet rompió el aislamiento que nos impusieron por décadas y permitió que nos reencontráramos como lo que siempre debimos ser: una sola comunidad, dentro y fuera del país.

Somos hermanos desde la vivencia

Fuera de Cuba, esas viejas etiquetas pierden sentido. Ya no importa si naciste en La Habana, en Santiago, en Camagüey o en un pueblo del interior. Ese complejo de superioridad o inferioridad que algunos repetían dentro de la isla simplemente desaparece cuando te enfrentas a la realidad. Cuando sales, entiendes que todos venimos del mismo lugar, que todos hemos vivido, en mayor o menor medida, la misma represión, la misma escasez, las mismas limitaciones.

Esa experiencia compartida nos iguala. Nos convierte en hermanos. No desde el discurso, sino desde la vivencia real. Hemos sido víctimas de un mismo sistema, y esa conciencia nos ha dado algo que antes no teníamos con tanta claridad: una identidad común más fuerte que cualquier diferencia regional. Nos ha quitado la venda. Ya no vivimos de cuentos ni de narrativas manipuladas. Vemos, comparamos y entendemos.

Por eso esta nueva etapa del cubano, dentro y fuera de la isla, es diferente. Estamos más entrelazados, más conscientes y más unidos. Las barreras que nos impusieron se están desmoronando. En ese proceso, estamos recuperando algo esencial: el sentido de nación, de pertenencia real, sin divisiones artificiales.

Cuba no está fragmentada. Cuba es una sola. Por primera vez en mucho tiempo, los cubanos estamos empezando a actuar como tal.

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