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Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- Si a los 60 años sigues llamando convicciones a las mismas ideas que tenías a los 20, estás engañando a los demás o, en última instancia, te estás engañando a ti mismo.

Por leyes básicamente biológicas, el individuo recorre un largo camino de aprendizaje que pasa, desde aceptar las certezas de sus mayores como verdades intocables, hasta la renuncia total o parcial de esas certezas cuando no son capaces de explicar una realidad social que corre en sentido opuesto al discurso político.

Este proyecto de «pacto», o de «diálogo» o de «entendimiento», o de «inversiones amigables» con personas que hoy denominan como «residentes cubanos en el exterior» -antes les llamaban de otra manera- y que obvia con una facilidad pasmosa a los residentes famélicos y desesperanzados de la isla, me llena de vergüenza.

Es de una crueldad espantosa lo que se habla y trata de pactarse entre dirigentes y emprendedores llenos de dinero, cuando las cárceles siguen llenas de muchachos y el pueblo de a pie, como un mendigo, mira hacia arriba esperando un milagro o una donación solidaria.

No nos tienen en cuenta. Somos material gastable. Nuestro silencio y nuestros lomos son el engranaje necesario para que, sobre ellos, una vez más, comiencen a fabricar dinero. Y nada, seguirán hablando de principios, de dignidad, de «todos y para el bien de todos». Dicen que así funciona la política, ¿verdad?

Queda poco por decir. Total, ya es la realidad la que está dando gritos.

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