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Por Max Astudillo
La Habana.- La imagen parece sacada de una comedia involuntaria del poder. En pleno corazón de La Habana, con la cúpula del Capitolio de La Habana al fondo, un policía circula en un pequeño triciclo eléctrico que intenta cumplir la función de patrulla. No se trata de un experimento ecológico ni de una política moderna de movilidad urbana. Es, simplemente, la evidencia visible de la profunda crisis de combustible que atraviesa Cuba.
Durante décadas el régimen vendió la imagen de un Estado fuerte, capaz de controlar cada rincón del país con su aparato policial. Hoy, sin embargo, la realidad es otra. La falta de gasolina y diésel ha obligado a las autoridades a improvisar soluciones que rozan el ridículo. Patrullas inmovilizadas, vehículos oficiales parqueados por falta de combustible y agentes desplazándose en triciclos eléctricos se han convertido en escenas cada vez más comunes en las calles.
Para muchos cubanos, la imagen tiene un valor simbólico. No se trata solo de un policía sobre tres ruedas, sino de la representación gráfica de un sistema que se quedó sin recursos y sin respuestas. En las redes sociales las burlas no han tardado en aparecer. Por ejemplo, algunos usuarios comparan estas nuevas “patrullas” con carritos de feria. Además, otros aseguran que es el retrato perfecto de una dictadura que presume de control mientras apenas puede mover a sus propios agentes.
La crisis energética en la isla se ha agravado en los últimos años por la caída del suministro de petróleo venezolano, la falta de divisas para importar combustible y el deterioro de la infraestructura energética. Todo ello ha provocado apagones constantes, transporte público paralizado y ahora también una policía que debe adaptarse a medios de transporte cada vez más precarios.
Al final, la fotografía termina diciendo mucho más de lo que parece. Frente a la monumentalidad del Capitolio, símbolo de poder y de Estado, avanza lentamente un triciclo eléctrico con un policía dentro.
Es una escena que resume el momento actual del país: un régimen que intenta mantener la imagen de autoridad. Sin embargo, la realidad, cada día, lo empuja un poco más hacia la decadencia.