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Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Hay una contradicción que nadie quiere comentar en voz alta, pero que salta a la vista del que no se deja hipnotizar por consignas; ¿por qué Vietnam sí puede tener relaciones normales con Estados Unidos y Cuba no?
Vietnam y Estados Unidos se enfrentaron en una de las guerras más sangrientas del siglo XX. Millones de muertos, napalm, agente naranja, aldeas arrasadas, la masacre de My Lai. No fue un “conflicto diplomático”, fue una carnicería histórica. Y sin embargo, en 1995; apenas veinte años después del final de la guerra, Vietnam normaliza relaciones con su antiguo enemigo.
Hoy Vietnam sigue declarándose socialista, mantiene un sistema de partido único, gobierna el Partido Comunista y no ha renunciado a su relato histórico. Nadie en Hanoi ha exigido ni pedido perdón ideológico, nadie ha cambiado la bandera ni la Constitución. Y aun así, Estados Unidos invierte, comercia, coopera y convive con Vietnam sin llamar “traidores” a los vietnamitas ni exigirles una rendición política.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué ese mismo pragmatismo no aplica para Cuba? La respuesta es incómoda para muchos, pero clara. Porque Vietnam decidió gobernar un país, y Cuba decidió administrar un conflicto eterno con un vecino.
Vietnam entendió algo elemental: el enemigo histórico no desaparece por ignorarlo, pero el pueblo sí se empobrece si se le sacrifica en nombre de una épica interminable. Normalizar relaciones no fue traición; fue realismo político. Fue poner el interés nacional, desarrollo, estabilidad y crecimiento, por encima del resentimiento ideológico.
Cuba, en cambio, convirtió el conflicto con Estados Unidos en su principal recurso político. El embargo no es solo una sanción externa; es un instrumento interno de control, una coartada perfecta para justificar el fracaso, la escasez y la ausencia de libertades. Resolver el conflicto implicaría asumir responsabilidades, y eso es precisamente lo que el régimen no está dispuesto a hacer.
Aquí viene la gran hipocresía: cuando Vietnam negocia con EE. UU., es “inteligencia estratégica”. Cuando el régimen de Cuba lo hiciera (si lo hiciera) sería acusado por sus propios guardianes ideológicos de “traición”. ¿Por qué? Porque Vietnam confía en su soberanía y en su pueblo. El regimen de Cuba no confía ni en su pueblo y la única soberanía que reconoce, es la del Partido Comunista.
Vietnam abrió su economía sin entregar el control del Estado. Cuba se niega a abrirla porque abrirla implica perder el monopolio político. Vietnam no teme a la prosperidad; el castrismo sí, porque la prosperidad genera ciudadanos, no súbditos.
Y por eso Vietnam sí… y Cuba no. No porque Estados Unidos sea distinto. No porque la historia sea más benévola. Sino porque un país eligió vivir en el siglo XXI y el otro sigue gobernando desde la trinchera de 1962.
La verdadera traición no es negociar con un antiguo enemigo. La verdadera traición es condenar a tu pueblo al atraso eterno para no perder el poder.