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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Cuba necesita más el derecho a la libertad de expresión que el de la libertad electoral. La libertad de expresión es lo que permite a cada persona decir lo que piensa, cuestionar al poder, compartir información y comunicarse sin miedo a represalias.
Ese derecho es la base para que exista un verdadero debate público, acceso a la verdad y la posibilidad de organizarse desde la realidad. Sin libertad de expresión, no hay espacio para que las personas se informen, discutan, critiquen o actúen con conocimiento. Por lo tanto, todo lo demás queda vacío de contenido real.
Hay regímenes que permiten formalmente la existencia de partidos políticos y celebran procesos electorales. Sin embargo, ese pluralismo es controlado desde arriba y no cambia el poder real. Lo que esos gobiernos sí llevan con mano de hierro es la libertad de expresión y de prensa. Permiten elecciones porque eso les da una apariencia de legitimidad ante el mundo. A pesar de permitirlas, no toleran que las personas, periodistas o ciudadanos hablen libremente, critiquen al poder o difundan información independiente.
Controlan los medios, redes sociales, bloquean voces críticas y castigan a quien desafía la narrativa oficial, porque saben que la verdad es el mayor peligro para su estabilidad. Esa diferencia es clave: un sistema electoral controlado puede ser un mecanismo manipulable. Sin embargo, una sociedad con libertad de expresión y prensa no puede ser contenida ni domada por discursos inventados o manipulación mediática.
Un ejemplo claro de este fenómeno es la situación en Rusia: allí se realizan procesos electorales con varios partidos políticos, pero la libertad de expresión está fuertemente restringida. Las autoridades han censurado o eliminado la mayoría de los medios independientes. Además, han bloqueado sitios informativos y han creado leyes que estigmatizan a periodistas y organizaciones mediáticas como “agentes extranjeros”, obligando a muchos a exiliarse o autocensurarse para evitar represalias. Los espacios donde podrían circular ideas críticas o alternativas a la versión oficial han sido prácticamente cerrados. Por tal motivo, esto limita severamente el acceso de la población a información independiente y crítica.
Esto demuestra que tener elecciones no garantiza libertad real si no hay libertad de expresión, porque un proceso electoral puede ser usado como fachada mientras el poder controla la narrativa y limita la verdad. La libertad de expresión destruye esos muros informativos y expone las manipulaciones del poder. Por lo tanto, ningún sistema electoral controlado puede soportar eso si la gente tiene acceso a información libre.
En una Cuba que aspire a ser democrática, ambos derechos son necesarios: la libertad de expresión para que la sociedad pueda hablar, informar y cuestionar sin miedo, y la libertad electoral para que esas voces y esa verdad se traduzcan en decisiones colectivas reales. Sin libertad de expresión, una elección puede ser un fraude disfrazado de democracia. Sin embargo, con libertad de expresión, la verdad se impone y el pueblo puede elegir con poder verdadero.
En estos momentos, la gran mayoría de nuestros presos políticos en Cuba no están encarcelados por haber ejercido una supuesta libertad electoral, sino por haber usado su libertad de expresión: por manifestarse en las calles, por gritar verdades incómodas, por publicar en redes sociales, por grabar un video o por denunciar abusos del poder.
No están presos por organizar campañas partidistas ni por competir en elecciones; están presos por hablar. Eso deja claro qué es lo que realmente teme un régimen: no una boleta controlada en una urna, sino la voz libre de un pueblo que decide decir la verdad en público.
Por eso en cualquier señal de apertura del régimen cubano lo primero a pedir es que los ciudadanos puedan decir lo que quieran donde sea, ya sea en una esquina o en las redes sociales. Además, que los periodistas y periódicos independientes puedan transmitir a través de la radio y televisión nacional. Que influencer puedan hacer su trabajo desde cualquier lugar libremente.
Cuando suceda esto será la verdadera señal de un cambio, porque la dictadura no pueda contra la verdad y el escrutinio.