Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El poder no piensa, administra el dogma

Comparte esta noticia

Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- En la publicación que hice sobre el discurso de Miguel Díaz-Canel, donde grita consignas contra el imperialismo, un amigo me deja una pregunta interesante: ¿Y Díaz-Canel entenderá este escrito? solo voy a hacer referencia al final de aquel texto:

“No hay análisis materialista. No hay autocrítica. No hay coherencia teórica. Hay consigna, grito y repetición ritual. Y eso, paradójicamente, es profundamente antimarxista. La repetición de esas consignas huecas no es para despertar conciencias, sino para evitar que despierten”.

Mi respuesta a ese amigo es la siguiente:

Tocas un punto real, y muchas veces he querido responder a ese cuestionamiento. Díaz-Canel no es un pensador libre que haya llegado al poder por talento o por visión propia; todo lo contrario: es un militante dúctil, de mente maleable. Es un cuadro formado dentro del aparato, seleccionado por obediencia, moldeado por el dogma y promovido por su docilidad. No es un líder que haya descubierto el socialismo; es el producto terminado del sistema.

Pero de ahí no se desprende que “no entienda” lo que se le dice. Lo que ocurre es peor: lo entiende y lo administra. Díaz-Canel no es un ingenuo. Es un burócrata político que sabe perfectamente que repite fórmulas gastadas. Sabe que el país está en ruinas. Sabe que el discurso ya no convence. Y aun así lo repite. No por convicción intelectual, sino porque su función no es pensar, sino preservar la estructura que lo sostiene.

Solo un ser funcional

No estamos ante un fanático ciego, sino ante un gerente del régimen. Un actor secundario, sí, pero consciente de su papel: mantener viva una narrativa que ya no explica nada, pero que todavía sirve para controlar.

El error es creer que el régimen se sostiene solo por ignorancia. La ignorancia ayuda, claro, pero lo esencial es otra cosa: se sostiene por inercia, por miedo, por dependencia material y por una cultura política donde disentir sigue teniendo costo.

Díaz-Canel no necesita ser brillante. Le basta con ser funcional. Y lo es. Por eso, textos como el mío no buscan “ilustrarlo” a él; buscan otra cosa; romper la lógica en la que el poder siempre habla y nadie responde con ideas. No es que él no pueda entender un sistema libre. Es que no le conviene que otros lo entiendan. Y ahí está el verdadero núcleo del problema.

Le agradezco el comentario al lector, no como objeción, sino como detonante: gracias a él esta reflexión encontró su forma más clara.

Deja un comentario