El marqués que se gastó una fortuna en vivir en un escenario

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- En 1898, Henry Cyril Paget heredó una de las mayores fortunas de la aristocracia británica. Tenía 23 años y 30.000 acres repartidos por todo el país. Ingresos anuales para vivir varias vidas de lujo. Seis años después estaba en bancarrota. Ni una libra le quedaba. Porque Henry no quería ser marqués. Henry quería ser estrella.

Su residencia de Plas Newydd, en la isla de Anglesey, dejó de ser una casa señorial para convertirse en su propio teatro particular. Rebautizó la propiedad como «Anglesey Castle» y transformó la capilla en un espacio escénico con 150 localidades. Lo llamó The Gaiety. Allí montaba obras de Shakespeare y Oscar Wilde, contrataba actores profesionales y, por supuesto, se reservaba el papel principal.

Su número más famoso era una danza ondulante que le valió el apodo de «The Dancing Marquess». Pero su verdadero espectáculo no estaba en el escenario. Estaba en su propia vida. Ropa hecha a medida, batas de Charvet, joyas por montones, coches, embarcaciones. Aparecía cubierto de perlas y piedras preciosas en una época donde se esperaba que un aristócrata de su rango fuera sobrio y aburrido. Él eligió ser deslumbrante.

La muerte del marqués bailarín

El dinero salía más rápido de lo que entraba. En 1904, debía 544.000 libras, una cifra astronómica incluso para su patrimonio. Fue declarado insolvente. Y entonces ocurrió el espectáculo más extraño de todos: Plas Newydd se convirtió en una inmensa casa de subastas. Entre 17.000 y 18.000 lotes salieron a la venta. Prendas, joyas, automóviles, animales. La gente viajaba desde toda Inglaterra para comprar o simplemente para ver los restos de aquella fortuna. Henry se marchó antes de que comenzara la venta. Nunca regresó.

En marzo de 1905 murió en Montecarlo. Tenía 29 años. Su primo heredó el título y su primera decisión fue borrar todo rastro de aquel marqués excéntrico. Destruyó papeles, devolvió el teatro a su función de capilla. Durante décadas, la familia intentó olvidar al «marqués bailarín». Pero no lo consiguieron.

Más de un siglo después, Henry Cyril Paget sigue siendo recordado precisamente por lo que escandalizó a su época: un aristócrata que heredó una fortuna y decidió gastarla en convertirse en el protagonista de su propio escenario. Y vaya si lo consiguió.

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