
Díaz-Canel descubre que hay escuelas y no hay colapso
Por Jorge Sotero
La Habana.- Miguel Díaz-Canel acaba de descubrir la fórmula científica para medir el colapso de un país: contar niños con uniforme. Un millón y medio de muchachos regresan a las aulas el primero de septiembre y, según Limonardo, asunto resuelto. ¡Qué alivio, cubanos! Ya podemos dormir tranquilos.
Si hay niños entrando a una escuela, Cuba no está en crisis; está en la gloria. Mañana pueden faltar la comida, el agua, la corriente, los medicamentos y hasta los pupitres, eso sí, que aparezcan 1,5 millones de estudiantes y automáticamente el país pasa de potencia en desgracia a potencia educativa.
La matemática revolucionaria funciona de maravillas. Hay apagones: no importa, tenemos estudiantes. Falta combustible: tampoco importa, tenemos estudiantes. Las familias están agotadas de vivir a oscuras: tranquilidad, tenemos estudiantes. La UNESCO advierte que la educación está en riesgo y las autoridades reconocen que existen “muchas preocupaciones” para iniciar el curso. Díaz-Canel observa todo ese desastre, mira su publicación en X -la borra tiempo después- y llega a una conclusión espectacular: “no hay colapso”. Es una técnica presidencial digna de estudio. Si mañana se cae una escuela, basta con inaugurar otra en Facebook y asunto resuelto.
La ministra de Educación también puso su granito de arena al festival del optimismo. Dice que están listas todas las condiciones para comenzar el curso, aunque los propios funcionarios admiten que habrá horarios flexibles debido al cansancio provocado por los apagones.
Esa flexibilidad puede terminar convirtiendo la escuela cubana en una institución de horario creativo: si hay corriente, se estudia; si no hay corriente, se descansa; si aparece el agua, se celebra; si llega el combustible, se hace una fiesta nacional. Todo muy organizado. Al final, el alumno aprenderá matemáticas, historia y una asignatura nueva: Cómo sobrevivir a otro curso escolar en Cuba sin electricidad.
Y ahí aparece la palabra mágica de siempre: el bloqueo. No hay corriente, bloqueo. No hay combustible, bloqueo. Hay problemas en las escuelas, bloqueo. La población está agotada, bloqueo. Si un estudiante llega tarde a clases, probablemente también sea culpa de Washington.
Nadie pretende negar las sanciones estadounidenses ni sus efectos, aunque resulta bastante cómodo utilizar a Estados Unidos de comodín universal para explicar una crisis que lleva décadas acumulando problemas internos. El gobierno puede tener dificultades externas, sí; lo que no puede tener es una explicación externa para cada tornillo que falta dentro de la isla.
Así que felicidades, presidente. El primero de septiembre habrá niños en las aulas y, según su peculiar teoría, Cuba habrá demostrado que no está en colapso. Solo falta convencer a los apagones, a las familias agotadas, a los maestros, a los hospitales, a los mercados vacíos y a esos propios estudiantes.
Si todos ellos coinciden con usted, tendremos una noticia histórica: la dictadura habrá inventado el primer país del mundo en el que todo funciona perfectamente siempre que uno cierre los ojos. ¡Qué conquistas sociales, caballeros! Solo falta conquistar la corriente, el agua, el combustible y, de paso, la realidad.


















