El hombre de la pierna de madera que ganó seis medallas

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- En los Juegos Olímpicos de 1904, un hombre llamado George Eyser apareció en las clasificaciones como el último de una competición que mezclaba gimnasia con carrera, salto y lanzamiento. Nada que ver con el podio. Pero las cifras, a veces, mienten. Porque lo que no decían es que Eyser había corrido, saltado y lanzado con una pierna de madera. Y no era una prótesis moderna, era un palo rígido de la época en que los atletas no pedían disculpas por sus limitaciones.

Eyser había perdido la pierna izquierda siendo joven, atropellado por un tren. Pero en lugar de rendirse, siguió entrenando gimnasia mientras trabajaba como contador en San Luis. Los Juegos de 1904 eran un caos: los gimnastas tenían que hacer ejercicios en aparatos y luego correr cien yardas, saltar y lanzar peso. En esa primera prueba, Eyser fue el último. Pero no era su terreno. Él no había ido a correr, había ido a volar.

El hombre de la pierna de madera que ganó seis medallas

Cuatro meses después, volvió para la competición de gimnasia pura. Y entonces ocurrió lo increíble: en un solo día, ganó seis medallas. Tres de oro: en barras paralelas, escalada de cuerda y salto de potro. Dos de plata. Una de bronce. Una de sus victorias llegó en una prueba que exigía correr hacia el aparato y elevar todo el cuerpo. Con una pierna de madera. Sin prótesis de carbono, sin tecnología, solo músculo y voluntad.

Tenía 34 años, una edad en la que hoy muchos deportistas ya se retiran. Y su pierna de madera no era un impedimento, era parte de su historia. No había entonces categorías adaptadas ni grandes programas para atletas con discapacidad. Eyser competía con los mismos que tenían dos piernas, y les ganaba. Su hazaña sigue siendo una de las más extraordinarias de la historia olímpica.

El hombre que en la primera prueba aparecía como un perdedor, terminó siendo el protagonista de unos Juegos que, por suerte, no se quedaron en la estadística. George Eyser no necesitaba una pierna de más para ser inmortal. Necesitaba una oportunidad. Y cuando la tuvo, la agarró con las dos manos. Bueno, con las dos manos y una pierna de madera. Que es más de lo que muchos pueden decir.

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