
La entrevista en un comentario
Por Mauricio de Miranda Parrondo
Cali.- Ayer vi, por disciplina, la entrevista que el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, concedió a Monica Bergamo, de Folha de São Paulo. Y digo «por disciplina» porque como economista cubano -pero sobre todo como cubano- que he escogido pensar en Cuba y para Cuba, no podía evitar la hora y minutos en los que sabía que no vería nada del otro mundo, pero jamás está uno exento de «sorpresas».
Sin embargo, su intervención mostró una vez más lo mal que estamos en Cuba por la incompetencia de su gobierno y la incultura de quienes ejercen el poder en el país.
Cuba tiene un presidente designado -que no es elegido por mucho que él lo diga, aunque a eso me referiré después- que suelta cifras que no se sabe de donde salen, por lo que en el mejor de los casos, muestra ignorancia y en el peor, miente.
Veamos algunas
1. Díaz-Canel le dijo a Monica Bergamo del diario brasileño Folha de São Paulo que Cuba antes de la Revolución tenía una tasa de analfabetismo de 40%. Veamos cuál es la realidad: El censo de 1953 establece que la tasa de analfabetismo entonces era de 23,6% en el país, entre personas de 10 años y más, mientras que en las zonas rurales era de 41,7% y en las urbanas el 11,6% (Ver Censo de Cuba de 1953). Uno de los mejores trabajos sobre la economía cubana de antes de la Revolución y los primeros años sesenta, desarrollado por destacados investigadores cubanos del Grupo Cubano de Investigaciones Económicas de la Universidad de Miami que produjo «Un Estudio sobre Cuba», publicado en 1963, fijaba la tasa de analfabetismo en la población mayor a 15 años en 22,1% para el período 1947-1953. Obviamente es mucho mayor a la alcanzada después de 1959, pero sería el colmo que no fuese así después de más de 70 años. Pero, además del dato absoluto, vale la pena considerar el relativo. La tasa de alfabetización de entonces, de acuerdo con cifras de la Unión Panamericana, ponía a Cuba en cuarto lugar en América Latina, solo superada por Argentina, Chile y Costa Rica. De hecho, países grandes como Brasil, México, Colombia y Venezuela tenían niveles mucho más bajos.
2. Dice Díaz-Canel que antes de la Revolución Cuba tenía una tasa de electrificación del 50%. No señor, investigue. En «Un estudio sobre Cuba» los colegas -entre los que estaban algunos amigos y destacados economistas como José «Pepín» Álvarez y otros- citan el Demographic Yearbook, 1958-1959, de Naciones Unidas y mencionan que el 82,9% de las viviendas cubanas contaba con electricidad en 1958. Entonces, Chile tenía el 77,4%, Colombia el 63,5% y Brasil el 60,0%. Pero, señor Díaz-Canel ¿de qué vale que el 100% de Cuba esté «electrificado» si solo se cuenta con electricidad entre un 10-20% del tiempo o menos. A usted no se le mueve una ceja al no tener en cuenta, quizás sea por la «patente» que quiere lograr su esposa. Esto, por supuesto, lo digo con sarcasmo, pero es una falta de respeto al pueblo cubano que Usted pase por encima de estas realidades.
3. Díaz-Canel dijo que la brecha de ingresos en Cuba era menor que la de cualquier país capitalista. O el presidente cubano está mal informado o miente. Como es sabido, no tenemos datos que nos reflejen coeficientes de Gini o de Palma que miden distribución de los ingresos, pero la simple constatación de la realidad en la que vive el pueblo cubano nos muestra que la inmensa mayoría de la población vive en condiciones de pobreza multidimensional. Sobre todo, porque no pueden asegurar unas condiciones de vida digna con su trabajo ingresos personales. Quien no tiene FE (familiares en el exterior) o puede generar ingresos en actividades económicas privadas, vive en condiciones de pobreza crítica. Por supuesto, quienes mal gobiernan Cuba no quieren permitir un estudio científico independiente sobre la pobreza y las desigualdades en Cuba. ¿Por qué no quieren aceptarlo? Porque lejos de ser lo revolucionarios que se auto-proclaman, no quieren enfrentar la dura realidad que vive el pueblo y por eso son, profundamente reaccionarios. Pero bien, veamos cifras: Cuba no le entrega al PNUD cifras sobre pobreza ni desigualdad del ingreso. A pesar de la inmensa pobreza de nuestra sociedad, expresada en su incapacidad para salir de ella con su trabajo, Cuba no ofrece estos datos. Pero países y territorios como Noruega, Islandia, Hong Kong, Dinamarca, Suecia, Irlanda, Países Bajos, Bélgica, Finlandia y otros como Emiratos Árabes Unidos, Austria, Eslovenia, Chequia,. Polonia, Croacia, Eslovaquia, Hungría, Albania, Armenia, Argelia o Bután, tienen coeficientes de Gini inferiores a 0.30. ¿Cuál de ellos es «socialista»? Ciertamente, no es el caso de países de América Latina y el Caribe que es la región más desigual del planeta en términos de distribución del ingreso, pero al parecer el «socialismo» cubano no ha hecho aquí la diferencia. ¡Permitan un estudio científico independiente y después hablamos!
4. Díaz-Canel dijo que «en Francia el presidente era elegido por el Parlamento». FALSO. En Francia, que no se rige por un sistema presidencialista clásico porque es un sistema «semi-presidencial parlamentario» el presidente es elegido mediante sufragio universal directo y secreto por los ciudadanos franceses. ¡Qué lamentable es que el presidente de un país cometa semejantes «pifias» que denotan ignorancia hasta en cuestiones elementales de su función! Dijo, además, que en varios países con sistemas presidenciales los presidentes eran electos por los parlamentos. FALSO. Es cierto que en algunas repúblicas PARLAMENTARIAS los presidentes son elegidos por los parlamentos o por colegios electorales que incluyen a Estados federados (como es el caso de Alemania) pero los países que tienen sistemas presidencialistas y son, además, democráticos, convocan a la ciudadanía a elegir al presidente entre varias alternativas, como ocurre en todos los países de América Latina, por mucho que les preocupe a algunos la democracia en América Latina que, con todas sus imperfecciones es mayor que en Cuba, donde no existe democracia alguna. Por favor, no me vengan algunos con el cuento de la «democracia socialista» que por ahí pasamos ya muchos.
5. Capítulo aparte merece la mención a la democracia estadounidense. A pesar de que Díaz-Canel no fue capaz de decirle a Monica Bergamo, como funcionaba el sistema de elección presidencial que es -sin duda- de elección indirecta (y así por cierto, era del Cuba de 1901 y 1940) dijo que el pueblo no podía escoger a los candidatos. Una vez más, FALSO, los votantes estadounidenses deciden quien es el candidato de cada partido mediante un sistema de primarias que consiste en «caucus» en algunos estados y en votación directa en otros y además permite la presentación de candidaturas independientes que, como sabemos, nunca han tenido éxito (ni cuando Teddy Roosevelt se postuló por el Partido Progresista en la elección de 1912). Yo, sinceramente, no estoy de acuerdo que en EEUU sea elegido presidente quien recibe más votos electorales si no ha recibido la mayor cantidad de votos populares, pero no me corresponde a mi decir cuál debería ser el mejor sistema. No soy estadounidense. Soy cubano y como cubano considero que los cubanos debemos tener el mismo derecho del que disfrutan los demás latinoamericanos de elegir a los presidentes, diputados, gobernadores, alcaldes, delegados (concejales), etc, mediante elecciones libres y sufragio universal directo y secreto. ¿Cuál es el problema? El problema de ellos es el mismo de los Ortega-Murillo. Ya sabemos cuál es. Y sí, a veces las mayorías se equivocan, pero qué maravilloso es poder rectificar cuando uno se equivoca, el problema es cuando el error implica una condena de decenios.
6. Díaz-Canel dijo que al «socialismo no lo han dejado desarrollarse». ¿Los 70 años de existencia de la URSS no cuentan? Sí, las sanciones económicas de EEUU sobre Cuba han afectado al país, pero entre 1965 y 1989, nadie habló de eso seriamente en el régimen cubano. Y la razón es que Cuba disfrutaba de una «tubería» de recursos de la URSS sobre todo, por razones políticas. No me hablen de «internacionalismo proletario», porque ni era internacionalismo ni tampoco proletario. Era la geopolítica pura y vulgar. Durante esos años, el voluntarismo de Fidel, sí de Fidel, ahora en el año de su centenario y la complacencia o complicidad de toda la dirigencia del país llevó a la economía del país a un callejón sin salida y a la condición más visible del subdesarrollo, que es la incapacidad para desarrollarse. Cuba es hoy más dependiente que en 1958, porque el sistema de economía de «ordeno y mando» destruyó las bases mismas de la economía del país: la industria azucarera, la agricultura y el emprendimiento de una clase empresarial que logró ser pujante, con todas sus luces y sus sombras.
7. Dijo Díaz-Canel que Cuba no está al borde del colapso. No, está en el colapso. ¿Podría mencionar algo que funcione excepto la capacidad de represión contra el disenso? Por cierto, jamás respondió la pregunta de por qué se reprimían las protestas en Cuba. Solo atinó a mencionar que se reprimía en otros países. Era como decirnos a los cubanos: «mal de muchos, consuelo de tontos».
8. El «botón de oro» de la entrevista -en mi opinión- además de mostrarle al mundo que no es una persona preparada para ejercer el gobierno de un país fue su referencia al desarrollo del sector privado en Cuba. Ahí sacó a relucir su verdadera condición, la que aprendió de sus antecesores. Cuando la entrevistadora le preguntó si los cambios que se producían en Cuba iban hacia el capitalismo, Díaz-Canel dijo que no, que la existencia de actores privados en la economía cubana eran «concesiones necesarias». Ojo, inversionistas, ojo, mipymeros; ojo, empresarios privados: su seguridad pende del hilo de la «voluntad política». Mañana esa voluntad puede cambiar y podrían quedar «colgados de la brocha». ¿Es esa la seguridad que necesitan los inversionistas?
Mi recomendación al presidente, «quédese callado, por favor». Le hará un bien al país. Claro que en mi opinión lo que necesita Cuba no es que el presidente, el primer ministro, los ministros o el presidente de la Asamblea Nacional se queden callados. Considero que si desearan hacerle un bien al país, deberían aceptar que no han sido capaces de realizar las transformaciones que el país necesita, porque no están capacitados o porque carecen del coraje político necesario. Cuando eso ocurre lo mejor es hacerse a un lado. Y claro, no sería para nada deseable que el país entrara en un caos mayor que el que ya sufre en muchísimos aspectos. De ahí la importancia de que la sociedad cubana sea capaz de organizarse de forma autogesionaria para obligar al régimen a negociar con ella, porque hasta ahora los mayores incentivos que tienen quienes ejercen el poder son negociar con Estados Unidos y seguir en la retórica de la «soberanía» mientras están dispuestos a entregar el país a cambio de conservar sus vulgares privilegios.
Disculpen la extensión de este texto. Quizás es porque hace un tiempo estaba en fase «reflexiva».



















