
Inglaterra, Gran Bretaña y Reino Unido: un lío de nombres con siglos de historia
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Puede que en tus clases de historia te sonara a chino aquello de que Inglaterra no es lo mismo que el Reino Unido, y que para colmo por medio está Gran Bretaña, que tampoco es lo mismo. Tranquilo, no eres el único. La culpa la tienen tres siglos de guerras, alianzas forzadas y un imperio que se fue haciendo y deshaciendo a golpe de tratado. Vamos a desenredar esa madeja.
Primero lo primero: Inglaterra nunca fue un «imperio independiente» de sus vecinos, al menos no en el sentido de que los tuviera sometidos sin más. Gales fue el primero en caer, pero no como una colonia, sino como un principado anexionado por la fuerza en el siglo XIII, y su integración formal se selló con las leyes de 1535 y 1542. Pero ni Escocia ni Irlanda fueron nunca colonias inglesas al uso. Eran reinos separados, con sus propias leyes y sus propios problemas. El verdadero lío empezó cuando un rey escocés, Jacobo VI, se convirtió también en rey de Inglaterra en 1603. Las coronas se unieron, pero los países siguieron siendo independientes.
Creación de Gran Bretaña
El momento clave fue el 1 de mayo de 1707. Ese día, los parlamentos de Inglaterra y Escocia aprobaron el Acta de Unión, que creó el Reino de Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque a los ingleses les daba miedo que el heredero al trono escocés fuera católico, y a los escoceses, tras un desastre financiero con una colonia en Panamá que les dejó en la ruina, el dinero inglés les vino como agua de mayo. Así que, por conveniencia mutua, se fusionaron en un solo país con un solo Parlamento. Gales ya estaba incluido en la parte inglesa, así que no hubo que hacer nada especial con ellos.
El nombre «Reino Unido» no llegó hasta casi un siglo después, el 1 de enero de 1801. Irlanda, que había sido un reino separado bajo la corona británica y había vivido su propia rebelión en 1798, fue incorporada a la fuerza con el Acta de Unión de 1800. El nuevo país se llamó Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.
El nombre actual, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, no llegó hasta 1927, después de que la mayor parte de Irlanda se independizara. Así que el término «Reino Unido» sustituyó al de «Inglaterra» como nombre del país en 1801, aunque el proceso de unión empezó en 1707.
El dilema de los cuatro nombres
Durante la pérdida de las colonias americanas (1775-1783), el país que las perdió fue Gran Bretaña, no Inglaterra. Y sí, en esos años también había conflictos internos. Escocia, aunque unida políticamente, no era exactamente feliz con el matrimonio forzado.
Irlanda estaba en ebullición: los irlandeses habían conseguido cierta independencia en 1782, pero seguían siendo un problema para Londres. De hecho, la derrota en América y el descontento irlandés fueron dos de los motores que llevaron a la unión de 1801: los británicos pensaron que controlando directamente Irlanda desde Londres, evitarían que los irlandeses hicieran como los americanos y se independizaran con ayuda de Francia.
En resumen: Inglaterra no dejó de ser un imperio independiente porque nunca lo fue en el sentido de tener a sus vecinos como colonias. Fueron reinos separados que se fueron uniendo por razones políticas y económicas: en 1707 con Escocia, en 1801 con Irlanda. Gales se integró mucho antes, casi como un apéndice de Inglaterra. Y la pérdida de las colonias americanas no fue un conflicto entre Inglaterra y sus vecinos, sino una guerra que Gran Bretaña perdió contra sus propias colonias, mientras en casa las tensiones con Escocia e Irlanda no hacían más que crecer. Un auténtico lío de siglos que explica por qué hoy llamamos a este país con cuatro nombres distintos.



















