Trump no está equivocado: el papa muestra debilidad, sumisión y complicidad con todo lo que destruye la moral católica

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Por Carlos Carballido

Dallas.- Da asco ver a los moralistas de la fe escandalizarse con Donald Trump por haberle dicho unas cuantas verdades al papa León XIV. La Iglesia Católica lleva años alejándose de su propia doctrina y cada vez sE humilla más ante la agenda globalista, sin importarle lo que piensen sus fieles. ¿O alguien se atreve a negarlo?

Dejen de ser hipócritas solo por llevarle la contraria al único presidente estadounidense que se declara cristiano y no le tiembla la voz para defender lo que cree.

Donald Trump no atacó la fe católica. Atacó la doble vara de medir de un Papa que tiene energía de sobra para criticar a Estados Unidos cuando este defiende su seguridad, pero se muestra débil, diplomático o directamente sumiso ante todo lo que la Iglesia ha condenado durante siglos: el islam radical sin reciprocidad, la ideología de género que mutila niños, el aborto y dictadores de izquierda que oprimen a millones de católicos.

El choque estalló en abril de 2026. El papa León XIV condenó con dureza las operaciones estadounidenses contra el programa nuclear de Irán y contra el régimen venezolano que exporta crimen y drogas a Estados Unidos.

Trump respondió sin rodeos en Truth Social: “El papa León es débil con el crimen y terrible en política exterior”. Le exigió que dejara de “complacer a la izquierda radical” y se concentrara en ser “un gran papa, no un político”, porque estaba “perjudicando a la Iglesia católica”.

Trump tiene razón. La evidencia es abrumadora, aunque ahora los aquejados de TDS (Trump Derangement Syndrome), incluidos algunos opositores cubanos, se den golpes de pecho defendiendo a un líder católico que va en contra de siglos de fe y moral religiosa.

El papa León XIV representa la culminación de varios pontificados que han llevado a la Iglesia por el camino del globalismo, incluso desoyendo las propias instrucciones bíblicas.

Primero: se descalza ante el islam, pero el islam no ofrece reciprocidad

En noviembre de 2025 visitó la Mezquita Azul de Estambul y en abril de 2026 la Gran Mezquita de Argel. En ambas ocasiones, el papa León XIV se quitó los zapatos y caminó descalzo (o en calcetines) por los recintos sagrados musulmanes como gesto de “respeto y humildad”. Imágenes que dieron la vuelta al mundo.
Sin embargo, el islam no ve a los cristianos como hermanos en igualdad de condiciones sino como infieles junto a los judíos.

En la Sura 5 del Corán se califica directamente de infieles a quienes afirman que Jesús es el Hijo de Dios o parte de la Trinidad. Por eso no existe reciprocidad: un papa puede descalzarse en una mezquita, pero ningún imán haría un gesto equivalente en una catedral, porque el Corán no considera al cristianismo como una fe equivalente. Esto no es diálogo. Es sumisión unilateral y una vergüenza papal.

Mientras tanto, en países de mayoría islámica los cristianos siguen sufriendo persecución: iglesias quemadas, conversiones castigadas con la muerte y discriminación bajo la sharía. Arabia Saudita prohíbe construir iglesias. En Pakistán o Nigeria, la blasfemia católica puede costar la vida. Santa Sofía pasó de catedral a mezquita. ¿Dónde está el gesto recíproco? No existe.

Segundo: sonrisas con dictadores genocidas , dureza con Trump

El estilo lo marcó su antecesor Francisco con fotos sonrientes y bendiciones a Nicolás Maduro, responsable de una de las mayores catástrofes humanitarias de América Latina. León XIV hereda esa misma prudencia selectiva.

En cambio, cuando Trump actúa contra el narcotráfico venezolano o contra el programa nuclear iraní, el Vaticano encuentra palabras duras y moralinas. ¿Dónde queda esa energía moral cuando se trata de regímenes que aplastan a católicos?
Tercero: protección de los niños. Trump actúa, el Vaticano calla o critica

Trump firmó órdenes ejecutivas concretas, como “Protecting Children from Chemical and Surgical Mutilation” (enero 2025), que prohíbe el uso de fondos federales para bloqueadores de pubertad, hormonas cruzadas y cirugías de “transición” en menores. Otra orden define el sexo como binario e inmutable y elimina la ideología de género de las políticas federales.

Son medidas que defienden la integridad física y psicológica de los niños, algo que la doctrina católica tradicional siempre ha defendido. ¿Dónde está la misma vehemencia papal contra estas prácticas que mutilan cuerpos sanos y esterilizan menores?

Cuarto: persecución de cristianos y abusos internos

León XIV ha denunciado con tono general y diplomático los secuestros de niñas y fieles en Nigeria y Camerún. Sin embargo, sus condenas son notablemente más suaves y equidistantes que cuando critica a Estados Unidos. Lo mismo ocurre con los escándalos de pederastia: la Iglesia sigue arrastrando acusaciones de lentitud, encubrimientos y falta de tolerancia cero real. Incluso se ha cuestionado la gestión del entonces obispo León XIV en Perú.

Un papa que aún enfrenta preguntas sobre cómo manejó casos de abusos en su diócesis anterior no está en la mejor posición moral para acusar de “debilidad con el crimen” al presidente que prioriza la seguridad de los americanos.

Trump lo dijo sin anestesia: no quiere un papa que considere aceptable que Irán tenga arma nuclear ni que le parezca “terrible” que Estados Unidos presione a Venezuela para frenar el flujo de criminales y drogas.

La verdadera caridad cristiana exige coherencia. No gestos unilaterales de humildad ante quien no la devuelve. No sonrisas con tiranos mientras se ataca al líder elegido democráticamente que defiende la vida desde la concepción, la familia natural y las fronteras.

Trump no le tiene miedo al conflicto con el Vaticano y no se va a disculpar. Porque cuando se trata de defender lo que la moral católica siempre ha defendido —la vida, la familia y la fuerza frente al mal—, a Trump le asiste toda la razón.

El papa León XIV puede seguir diciendo que “no le tiene miedo” a la administración Trump. Pero quizá debería tenerle más respeto a la coherencia que su propio magisterio exige.

Eso, claro, es mucho pedir a los hipócritas que ahora lo defienden solo porque odian a Trump. Vayan al medico. Están perdiendo no solo coherencia sino salud mental.

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