
Resistencia eterna: la burla de un régimen en su fase terminal
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- A mí no hay quien me venga a contar historias de resistir apagones, pasar hambre y quemarse las pestañas para estudiar. Por eso, cada vez que escucho el teque de la «resistencia», con el infierno que se vive hoy en Cuba, siento que se están riendo en la cara de todos nosotros. ¿Hasta cuándo hay que resistir, si nos hemos pasado la vida entera en lo mismo?
Terminé el preuniversitario en el IPVCE de Sancti Spíritus el 8 de julio de 1995. Lo recuerdo muy bien porque la graduación coincidió con mi cumpleaños. Aquella época no fue fácil: en el comedor nos servían arroz precocido con peste a saco y col cruda. Eso, sin contar las noches eternas de apagón en las que no se dormía, pero había que fajarse con los libros. Ya desde entonces nos pedían aguantar, y nunca nadie imaginó que la cuenta se iba a extender por décadas.
Dos meses después, sin saber si el mentado Período Especial se había acabado o si ya era parte de la «continuidad», comencé a estudiar en la Universidad Central de Las Villas. Allí la historia fue la misma: apagones a pululu y un hambre que solo podía aliviar a puro pan con dulce de guayaba del merendero. Resistí, sí, pero con un límite lógico, y tampoco nadie imaginó que el sacrificio sería la única norma de por vida.
Con todo y eso, en medio de aquella estrechez nunca vimos montañas de basura ahogando las esquinas, ni a la delincuencia adueñándose de las calles, ni a niños trabajando en lugar de ir a la escuela. Cuando me operaron de urgencia de apendicitis en el Hospital Nuevo de Santa Clara, no faltó ni una torunda, y en las farmacias hallabas lo imprescindible. El transporte tampoco había colapsado: mi madre reservaba cada semana, en la terminal de buses de Sancti Spíritus, un pasaje hasta Santa Clara por solo 3.50 pesos, y yo viajaba de regreso en camiones por 10 o 15 pesos.
El final de todo
Hoy la burla es total: te piden la misma «resistencia creativa» de hace treinta años, pero habiéndote quitado hasta la dignidad. Por eso, cada vez que escucho la muela eterna de la «resistencia», con el infierno que se vive hoy en Cuba, siento que se están burlando de todos nosotros. ¿Hasta cuándo hay que resistir, si nos hemos pasado la vida entera en lo mismo?
Cuba ha vivido desde el 59 hasta acá en un Período Especial, lo que desmorona la narrativa oficial de que la miseria actual es un invento reciente, culpa del embargo energético de la era Trump. El colapso total del sistema de salud, la parálisis de los servicios básicos y la escasez absoluta que asfixia hoy al pueblo no son culpa del bloqueo de Trump, sino del fracaso estrepitoso de un Estado fallido.
Un modelo ineficiente que destruyó el aparato productivo nacional, descapitalizó los servicios públicos y priorizó la construcción de hoteles vacíos por encima del plato de comida y la medicina de la gente. Lo que vive Cuba hoy no es una crisis coyuntural: es la fase terminal de un régimen que se quedó sin recursos, sin argumentos y sin pueblo.



















