
El control solo existe en el discurso
Por Anette Espinosa
La Habana.- El régimen cubano vuelve a mostrar su peculiar manera de entender el control: desplegar policías, decomisar dinero y perseguir a quienes intentan ganarse la vida fuera de los mecanismos oficiales.
En Centro Habana, un operativo de la PNR y el DTI terminó con la ocupación de casi un millón y medio de pesos y la detención de personas vinculadas al transporte privado. También hubo acciones en el Parque El Curita, Guanabacoa, Galiano y su bulevar, con multas, decomisos y controles sobre bicitaxis y motocicletas sin licencia.
Las autoridades presentan estas operaciones bajo el argumento del orden y la seguridad vial. Nadie debería defender el caos en las calles, los vehículos sin condiciones o las actividades que incumplan la ley. El problema aparece cuando un régimen necesita perseguir diariamente las consecuencias de una economía que él mismo ha contribuido a deteriorar.
Si el transporte estatal funcionara con normalidad, si existiera combustible suficiente y si los salarios permitieran vivir dignamente, miles de cubanos no tendrían que buscar alternativas para trasladar personas o conseguir ingresos.
El resultado del operativo también retrata las prioridades de un país patas arriba: 22 multas, tres bocinas decomisadas, un tubo de escape ocupado y cientos de agentes dedicados a perseguir actividades informales. La pregunta incómoda es qué ocurre después. El transporte público sigue siendo una de las grandes dificultades de la vida cotidiana, los ciudadanos continúan buscando soluciones por su cuenta y el Estado responde con más controles. Se hacen los que tienen todo bajo control, aunque la realidad cotidiana se empeñe en demostrar lo contrario.
Cuba no necesita solamente operativos, multas y discursos sobre disciplina. Necesita transporte que funcione, combustible, empleos capaces de sostener una familia y reglas económicas que permitan trabajar sin convertir cada iniciativa privada en una batalla contra las autoridades.
Perseguir al boteo ilegal puede generar una fotografía de orden durante unas horas; resolver el problema del transporte exige mucho más. El verdadero control de un país se demuestra cuando sus ciudadanos pueden vivir y trabajar con normalidad, no cuando la policía logra ocupar dinero en una esquina de La Habana.



















