La paz con escopeta

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Por Luis Alberto Ramírez ()

MIami.- El planteamiento de Irán revela una lógica política que no busca desescalar el conflicto, sino reconfigurar la correlación de fuerzas en su favor. Solicitar dos semanas de margen a Donald Trump mientras se presenta un pliego de condiciones inaceptables, como imponer peajes en el Estrecho de Ormuz, desmantelar la presencia militar estadounidense en Medio Oriente y mantener intacto su modelo opresivo interno, no constituye una negociación, sino una imposición.

En términos de teoría de negociación internacional, esto se asemeja más a una estrategia de maximización unilateral que a un intento genuino de compromiso. Las condiciones planteadas no solo afectan intereses estratégicos de Estados Unidos, sino que alteran el equilibrio geopolítico regional, particularmente en una zona donde la seguridad energética global depende en gran medida de la libre circulación por Ormuz.

Más aún, pretender normalizar la continuidad de un sistema que ha sido ampliamente criticado por su carácter represivo introduce un elemento adicional de fricción: no se trata únicamente de seguridad o economía, sino de legitimidad política. En ese sentido, la propuesta no construye puentes, los dinamita.

En síntesis, lo que se presenta como una “propuesta de paz” carece de los elementos mínimos que definen cualquier proceso serio de distensión: reciprocidad, concesiones mutuas y reconocimiento del otro como interlocutor válido. Aquí no hay nada de eso. Lo que hay es una narrativa de fuerza disfrazada de diplomacia. Y en el lenguaje de la geopolítica, eso no es paz: es una afrenta directa a la paz. Irán está pidiendo limosnas con escopeta.

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