Dos países, una sola silla

Comparte esta noticia

Por Rafa Junco ()

Madrid.- Hay políticos que no saben soltar el bastón de mando y terminan presidiendo dos países. No es un concurso de poder, sino una rareza de la historia que mezcla guerras, particiones y alguna que otra casualidad geográfica. El caso más curioso, y además vigente, es el del presidente de Francia, que sin moverse de su despacho en París es también copríncipe de Andorra, un minúsculo país entre montañas.

Sí, el mismo Macron que arregla los conflictos europeos, al menos eso cree, también es, por decreto, el jefe de Estado de los andorranos, junto al obispo de Urgell. Para que luego digan que la política no tiene misterios.

El primer gran ejemplo de doble presidencia en la historia moderna es Václav Havel. Fue el último presidente de Checoslovaquia, justo cuando el país se despedía del comunismo, y luego, cuando checos y eslovacos decidieron divorciarse en paz, se quedó con la parte checa. De 1989 a 2003, primero en un país y luego en otro, Havel fue el mismo hombre con distinto mapa. La transición fue tan tranquila que casi nadie se dio cuenta de que había cambiado de país sin cambiar de sillón.

Pero si de acumular naciones hablamos, Simón Bolívar se lleva la palma. El Libertador no solo presidió la Gran Colombia, aquel sueño de un país enorme que abarcaba desde Panamá hasta Venezuela, sino que además fue presidente de Perú y el primer mandatario de Bolivia, el país que lleva su nombre. Tres presidencias, aunque alguna más simbólica que real, porque Bolívar gobernaba a caballo y a golpe de decreto. Pero el mérito está ahí: un solo hombre, tres naciones.

Otras curiosidades

El caso de Marthinus Pretorius es el más rocambolesco. Este líder bóer, en 1859, fue presidente de la República de Transvaal y, al mismo tiempo, de la del Estado Libre de Orange. Es decir, dos presidencias simultáneas, como quien lleva dos trabajos a la vez, pero con más fusiles y menos horario de oficina. Duró poco, porque aquellos territorios eran un polvorín, pero el récord sigue en pie: el único hombre que ha sido jefe de Estado de dos países al mismo tiempo sin que fueran el mismo.

Robert Kocharyan, el armenio, también tiene su doblete, aunque más turbio. Presidió la república no reconocida de Nagorno-Karabaj, esa franja de tierra que Armenia y Azerbaiyán se disputan, y luego, cuando la guerra se enfrió, dio el salto a la presidencia de Armenia. De un país que no existía para la comunidad internacional a uno que sí. No es un mal salto, pero el precio de la ambición siempre se paga con sangre ajena.

Eduard Shevardnadze, el georgiano, fue ministro de Exteriores de la Unión Soviética y, cuando el gigante se desmoronó, se convirtió en el segundo presidente de la Georgia independiente. Es decir, pasó de ser el diplomático que hablaba por Moscú a ser el jefe de Estado de su patria chica. Una transición que, visto con perspectiva, tuvo más de supervivencia que de estrategia. Y Mannerheim, el finlandés, nació súbdito del zar y acabó como presidente de Finlandia. De oficial del ejército ruso a mandatario de la nación que luchó contra Rusia. La vida da muchas vueltas.

Por último, Abul Kasem Fazlul Huq, un político bengalí que fue primer ministro de Bengala bajo el dominio británico y, más tarde, gobernador de Pakistán Oriental, lo que hoy es Bangladés. No fue exactamente presidente, pero gobernó dos territorios en momentos distintos y con banderas diferentes. La historia, como se ve, tiene más recovecos que un laberinto, y estos hombres, con sus dobles mandatos, nos recuerdan que el poder no entiende de fronteras, sino de oportunidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy