La princesa que noqueó a medio imperio

Comparte esta noticia

Por Rafa Junco ()

Madrid.- Gengis Khan tuvo 36 esposas y, según un estudio de ADN, dejó unos 16 millones de descendientes repartidos por Asia Central. Pero de toda esa prole, la que de verdad merece un monumento es su tataranieta Khutulun: la mujer que nunca perdió un combate de lucha en su vida y amasó una fortuna en caballos a base de humillar pretendientes. Su padre, el kan Kaidu, pasó treinta años enfrentado a su tío Kublai Kan, y en cada batalla, junto a Kaidu cabalgaba su hija pequeña.

Khutulun se crió entre 14 hermanos y aprendió a tumbarlos a todos en el bökh, la lucha tradicional mongola. Era arquera de precisión y jinete de los que dejan en ridículo a cualquier caballero con armadura. Marco Polo la describía lanzándose contra el enemigo «como un halcón sobre un pájaro». Se convirtió en la mano derecha de su padre en el campo de batalla y en su consejera de cabecera. Nada mal para una que, oficialmente, solo debía aprender a ordeñar cabras.

Llegó la hora de casarse. Ella aceptó con una condición: solo se casaría con quien la venciera en la lucha. Cada pretendiente debía pagar 100 caballos por el intento, no reembolsables si perdía. Y perdían todos. Uno llegó a jugarse 1.000 caballos de una tacada. Sus propios padres le pidieron que se dejara ganar. Ella lo tumbó con más ganas que a los demás. Al final, Khutulun se había forrado con más de 10.000 caballos y seguía sin marido.

Entonces empezaron los rumores. La gente no soportaba que una mujer tuviera tanto poder, y circularon insinuaciones incestuosas con su padre. Para callar las malas lenguas, Khutulun se casó con un hombre del que la Historia ni siquiera conserva el nombre. Kaidu intentó nombrarla su sucesora, pero sus hermanos se negaron. Khutulun, sin ambiciones de poder, apoyó a Orus a cambio de seguir mandando sus tropas. En 1306 murió en extrañas circunstancias, con solo 45 años.

Hoy, en el Naadam, el festival más importante de Mongolia, los luchadores todavía compiten con el pecho al descubierto, para dejar claro que son hombres. No vaya a ser que Khutulun decida volver de entre los muertos a repartir estopa y recordarles, una vez más, quién manda aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy