
La guardería que cayó del cielo
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Doce minutos después del despegue, el avión ya no era una misión de evacuación. Era una emergencia desesperada llena de niños. A comienzos de abril de 1975, Saigón estaba a punto de caer. El presidente Gerald Ford autorizó la Operación Babylift para sacar de Vietnam del Sur a miles de menores atendidos por orfanatos. El primer gran vuelo estadounidense partió el 4 de abril en un C-5A Galaxy, uno de los aviones de transporte más grandes del mundo. A bordo iban más de 300 personas, entre ellas cientos de bebés y niños.
Muchos eran demasiado pequeños para viajar sentados y no había cunas suficientes. Parte de ellos fue acomodada en cajas de cartón y espacios improvisados, atendidos por enfermeras, trabajadoras de orfanatos y personal médico. El avión era un coloso militar convertido en guardería. Pero el cielo no estaba de acuerdo con el plan.
Poco después de alcanzar altitud, falló la compuerta de carga trasera. La descompresión fue devastadora y dejó al avión gravemente dañado. La tripulación intentó volver a Tan Son Nhut, pero el aparato perdió el control y terminó estrellándose en un arrozal, no muy lejos de la base. El fuselaje se partió. Murieron 138 personas, entre ellas 78 niños. Los supervivientes fueron sacados entre barro, restos del fuselaje y cajas destrozadas.
La tragedia y las secuelas
La tragedia no detuvo la operación. Al contrario, la urgencia se hizo más intensa. En los días siguientes continuaron saliendo vuelos con menores vietnamitas hacia Estados Unidos y otros países. Algunas de las imágenes más conocidas de la Operación Babylift, con bebés acomodados en cajas de cartón dentro del avión, pertenecen a esos vuelos posteriores, realizados después del desastre inicial. La guerra seguía, y los niños seguían saliendo.
Con el tiempo, aquella historia quedó envuelta en debates sobre adopción, guerra y separación familiar. Pero el primer vuelo de Babylift conservó una escena imposible de olvidar: un enorme avión militar convertido en guardería improvisada, enfermeras voluntarias rodeadas de bebés, y una tripulación que intentó devolver a tierra una aeronave rota para salvar tantas vidas como pudiera.
Muchos de los niños que sobrevivieron crecieron sin memoria del accidente. La historia de su viaje comenzó antes incluso de que pudieran hablar, en una tarde de abril en la que el cielo sobre Saigón se cerró sobre un avión lleno de cajas, mantas y bebés.






