
La promesa del gobernador
Por Rafa Junco ()
Madrid.- El gobernador de Australia Occidental estaba tan seguro de que este prisionero jamás volvería a escapar que le hizo una promesa: «Si vuelves a salir, te perdonaré». El prisionero escapó otra vez. Su nombre era Joseph Bolitho Johns, aunque la historia lo recordaría como «Moondyne Joe».
Había llegado a Australia como convicto en la década de 1850, y desde entonces se había convertido en el dolor de cabeza de las autoridades. Escapaba, lo capturaban, volvía a escapar. Era un hombre que no entendía de rejas.
En 1865, lo condenaron a diez años de trabajos forzados por matar un novillo. Él dijo que era inocente. Y, como no le creyeron, decidió no cumplir la condena. Escapó de un grupo de trabajo, lo atraparon, volvió a escaparse en agosto de 1866. Las autoridades, hartas, decidieron que había que acabar con aquello. Lo enviaron a la prisión de Fremantle y le construyeron una celda especial, prácticamente a prueba de fugas: paredes de piedra reforzadas con madera de jarrah, más de mil clavos, barrotes por todas partes. El gobernador John Hampton inspeccionó la obra y quedó convencido: Moondyne Joe no saldría de allí.
Y volvió a escapar
Pero Joe se puso enfermo. Tanto, que le dejaron salir a hacer ejercicio al patio. Su tarea: romper piedras. Un guardia lo vigilaba cada día. Parecía imposible escapar. Pero Joe empezó a acumular las piedras trituradas junto al muro. La montaña creció tanto que ocultó parte de su cuerpo. Y entonces, mientras simulaba golpear las piedras, empezó a golpear el muro de piedra caliza de la prisión. Un golpe, otro, otro. Poco a poco, abrió un agujero.
El 7 de marzo de 1867, Moondyne Joe atravesó el muro y desapareció. La prisión construida para impedir su fuga le había dado el martillo y la cobertura para conseguirla. Permaneció libre casi dos años. Cuando lo atraparon de nuevo, la promesa del gobernador seguía en pie. Un funcionario confirmó que Hampton había pronunciado aquellas palabras. El nuevo gobernador decidió que sería injusto seguir castigándolo. En mayo de 1871, Moondyne Joe recibió un permiso de libertad.
Había hecho exactamente lo que le dijeron que era imposible: escapar una vez más. Y, para colmo, el gobernador tuvo que cumplir su palabra. La historia de Moondyne Joe es la de un hombre que convirtió la fuga en un arte, que desafió a las autoridades con su astucia y que, al final, demostró que a veces la mejor manera de ganar es hacer que el otro cumpla su promesa.






