Inauguran un mercado en Güines con aire acondicionado… ahora falta inaugurar la electricidad

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Por Anette Espinosa

Güines.- Lo primero que llama la atención en esta historia es el nombre: Mercado Climatizado Montoya. En un país donde climatizar una habitación es casi un deporte extremo y tener electricidad durante todo el día parece un premio de fin de año, inaugurar un mercado «climatizado» suena más a ciencia ficción que a noticia. Es como abrir una pista de esquí en el Sahara y venderlo como un gran logro del desarrollo local.

En lo que medio Güines suda los apagones, alguien corta una cinta roja para celebrar que, al menos en un rincón, el aire acondicionado tendrá privilegios.

Todo esto, por supuesto, viene envuelto en el habitual perfume de la propaganda. Que si productos agrícolas, que si pan, carne, jugos, batidos, limonadas frappé… Solo faltó anunciar salmón noruego y caviar para completar el menú.

En Cuba uno aprende a leer entre líneas: cuando un medio oficialista dedica más espacio a enumerar lo que «habrá» que a mostrar lo que realmente hay, conviene llevar una pizca de sal porque del dicho al estante, muchas veces hay un apagón de distancia.

Y entonces aparece la joya de la corona: los paneles solares. No solo van a alimentar el mercado, sino que el excedente será entregado a la Empresa Eléctrica «como contribución con el pueblo». Qué gesto tan noble. El ciudadano pasa 32 horas sin corriente, pero puede dormir tranquilo sabiendo que el mercado climatizado hará su aporte patriótico al sistema.

Inauguran un mercado en Güines con aire acondicionado… ahora falta inaugurar la electricidad

Después llegan las cifras, los porcentajes y las promesas sociales. Que si el cinco por ciento, luego el siete y después el diez. Que si ayudarán a los hospitales, a los casos vulnerables y a quien haga falta. El problema es que el cubano lleva décadas escuchando planes de desarrollo que siempre empiezan con discursos y terminan con estantes vacíos. Ya no se emociona con porcentajes; se emociona cuando encuentra aceite, pollo o un paquete de café sin tener que vender un riñón.

Y, como manda el libreto, el acto terminó rodeado de autoridades sonrientes, aplausos, fotografías y el optimismo obligatorio de toda inauguración oficial. Solo faltó que alguien declarara que este mercado marca «un antes y un después».

Lo curioso es que esa frase la llevan repitiendo tantos años que ya uno perdió la cuenta de cuántos «después» han pasado. Mientras tanto, el cubano seguirá inaugurando otra jornada de colas, apagones y precios imposibles.

En este país las cintas se cortan rápido; lo difícil es que la realidad cambie con la misma velocidad.

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