Manual para justificar un país a oscuras

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Vicente de la O Levis volvió a subirse al podio de ese circo llamado Parlamento para hacer lo que mejor sabe: convertir un apagón en una conferencia magistral. El hombre habló de pernos, transformadores, aceites dieléctricos, generación distribuida y un rosario de términos técnicos que, traducidos al cubano de a pie, significan exactamente lo mismo de siempre: esta noche tampoco habrá corriente. Da igual si uno entiende de electricidad o de astronomía, al final el ventilador seguirá siendo un adorno.

La gran revelación fue que los ladrones tienen casi la misma capacidad de producción que las termoeléctricas. Según el ministro, el aceite robado equivale prácticamente al que logra generar el sistema. Tremendo mérito para los delincuentes. A ese paso cualquier banda de cuatreros termina dirigiendo la Unión Eléctrica. Si mañana desaparece una turbina completa, seguro descubrirán que un vecino la escondió debajo de la cama.

Después vino la parte donde intentaron convencer al país de que no existe una reserva secreta de electricidad. Nadie sabe quién inventó ese cuento, pero dedicaron varios minutos a desmentirlo. Lo curioso es que el cubano tampoco necesita una reserva escondida; con que aparezcan cuatro horas seguidas de corriente ya hace una fiesta en la cuadra. Hasta el refrigerador llora de la emoción cuando logra trabajar una jornada completa.

Y como toda historia oficial necesita un culpable, apareció el viejo libreto de la vigilancia popular. Esteban Lazo desempolvó los CDR, los barrios vigilantes y la disciplina social, como si el problema de las termoeléctricas fuera que la gente no chivatea lo suficiente. Ya casi imagino al presidente del CDR patrullando de madrugada con una linterna sin pilas, cuidando un transformador que lleva meses fundido. Una escena digna del realismo mágico, versión apagón.

Lo verdaderamente ofensivo no fueron las cifras ni las justificaciones. Fue el tono. Hablan desde un salón perfectamente iluminado, con aire acondicionado y micrófonos funcionando, para explicarle a un pueblo que cocina con carbón, duerme empapado en sudor y vive haciendo malabares con los horarios de la corriente, que la culpa está en unos tornillos robados y en la falta de vigilancia.

Después de tantos años de crisis, ya ni siquiera intentan resolver el problema; ahora pretenden que también les aplaudamos las excusas.

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