La historia de la corbata

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Por Datos Históricos

La Habana.- Siglo XVII, la Guerra de los Treinta Años. Entre ejércitos y pólvora, unos mercenarios croatas destacaban no por su armamento, sino por un detalle inesperado: llevaban trozos de tela atados al cuello. Eran prácticos, sencillos, y mantenían la chaqueta cerrada en plena batalla.

Cuando aquellos soldados llegaron a Francia, el rey Luis XIII reparó en su peculiar prenda. No era lujo, ni joya, ni emblema de nobleza… y sin embargo le fascinó. Tanto, que la convirtió en moda de su corte. Los franceses, incapaces de pronunciar “croata”, llamaron a ese pañuelo cravate. Así nació la corbata.

Durante dos siglos, fue un símbolo de riqueza y sofisticación. Tejidos finos, nudos elaborados, extravagancias que solo los hombres más acomodados podían lucir. Pero el mundo cambió con la Revolución Industrial: las fábricas y oficinas exigían menos ostentación y más funcionalidad. Se necesitaba una prenda que acompañara a los nuevos hombres de negocios.

De esa necesidad surgió la corbata larga moderna, más sobria y adaptada al día a día. Pero aún faltaba algo: caían torcidas, se arrugaban, no terminaban de convencer.

Entonces, en 1926, apareció un hombre de Nueva York, Jesse Langsdorf. Con un simple gesto revolucionó la moda: cortó la tela al bies, en ángulo, y la unió en tres piezas. El resultado fue una corbata que caía recta, elegante, impecable. Así nació la corbata tal y como la conocemos hoy.

De un campo de batalla a las juntas directivas. De los croatas al mundo entero. La corbata, ese detalle tan común, guarda en su nudo siglos de historia.

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