
El oso que nació de una guerra
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Hay nombres que sobreviven a sus dueños. Winnie es uno de ellos. Hoy todos conocen al oso de peluche que vive en el Bosque de los Cien Acres, pero muy pocos saben que detrás de ese personaje de ficción hubo una osa de verdad, una cría negra que fue comprada por veinte dólares en una estación de tren de Ontario y que terminó siendo una de las atracciones más queridas del zoológico de Londres.
El soldado se llamaba Harry Colebourn. Era veterinario militar y viajaba hacia un campamento de entrenamiento en Quebec, mientras Canadá se preparaba para participar en la Primera Guerra Mundial. En la estación de White River encontró a una pequeña osa que había quedado huérfana después de que un cazador matara a su madre. Decidió comprarla y llevarla consigo. La llamó Winnie, abreviatura de Winnipeg, la ciudad donde vivía. Aquella compra quedó anotada en su diario militar, con la fecha, el precio y nada más. Veinte dólares.
Winnie acompañó a los soldados durante su entrenamiento en Canadá y cruzó el océano Atlántico con ellos. En Inglaterra se convirtió en una de las mascotas de la unidad. Las fotografías de 1914 muestran a Colebourn uniformado, sentado frente a la pequeña osa, que se sostiene sobre sus patas traseras mientras recibe comida de su mano. Pero la guerra avanzaba. Cuando Colebourn recibió órdenes de dirigirse al frente de Francia, comprendió que Winnie no podía acompañarlo. El 9 de diciembre de 1914 la llevó al zoológico de Londres, donde quedaría protegida mientras él cumplía su servicio militar. Pensaba recuperarla al terminar el conflicto.
La historia de Winnie-the-Pooh
En el reverso de una fotografía escribió que Winnie estaba en exhibición en el zoológico, pero que algún día regresaría con él a Canadá. Aquello nunca ocurrió. La guerra se prolongó y Winnie se convirtió en una de las atracciones más queridas del zoológico. En 1919, Colebourn decidió donarla definitivamente a la institución. La osa se quedó en Londres. El soldado volvió a casa sin ella.
Entre los visitantes habituales había un niño llamado Christopher Robin Milne. Al pequeño le gustaba tanto aquella osa que comenzó a llamar Winnie a su propio osito de peluche. Su relación con el animal llegó a ser tan cercana que, en una ocasión, los cuidadores le permitieron entrar en su recinto y alimentarla con leche condensada utilizando una cuchara. El padre del niño era el escritor británico A. A. Milne. Inspirado por los juguetes de su hijo, Milne comenzó a escribir historias protagonizadas por un oso de peluche. La segunda parte de su nombre, Pooh, procedía de un cisne que Christopher Robin también había conocido.
El 14 de octubre de 1926 se publicó Winnie-the-Pooh, ilustrado por Ernest H. Shepard. El libro convirtió al oso y a sus compañeros del Bosque de los Cien Acres en personajes conocidos por generaciones de lectores. La verdadera Winnie continuó viviendo en el zoológico de Londres hasta su muerte, el 12 de mayo de 1934. Era una osa negra americana, había acompañado a soldados durante la Primera Guerra Mundial y había sido comprada por apenas veinte dólares. Hoy, 14 de octubre de 2026, se cumplen exactamente cien años de la publicación del libro que hizo famoso su nombre. La ficción le dio la inmortalidad. La realidad le dio la historia.



















