
El adulterio que nunca existió
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Soraya Manutchehri tenía 35 años y vivía en un pueblo pequeño de Irán. Corría 1986. Su marido, Ghorban-Ali, quería casarse con una mujer más joven. Pero no quería pagar el divorcio. Así que buscó otra salida.
Soraya trabajaba en casa de un viudo: cocinaba, limpiaba. Eso fue suficiente. El marido, con ayuda de varios hombres del pueblo y de una autoridad religiosa local, armó una acusación de adulterio. Testimonios falsos. Nada más.
La reunión la hicieron los hombres del pueblo. Ella calló. Y el silencio, que era miedo, lo leyeron como culpa. La sentencia: morir lapidada.
Y salió la verdad
Y aquí viene lo que cuesta creer. Dos de sus hijos mayores estaban en esa reunión. Participaron en la condena de su madre.

La enterraron hasta los hombros, con la cabeza afuera. La gente del pueblo le tiró piedras. Su propio padre estaba entre los que lanzaron. Según el relato recogido después, fue uno de los primeros.
Dos semanas más tarde, el periodista Freidoune Sahebjam pasó por allí. Una mujer llamada Zahra, tía de Soraya, le contó todo. Volvió en marzo del 87, escuchó testimonios y escribió el libro. Cambió el nombre del pueblo por Kupayeh para proteger a la gente. En 1990 publicó La femme lapidée en Francia. Años después vino la película. La historia ya era de todos.



















