El chico que sostenía su corazón

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- La foto es real. No es montaje ni Photoshop. Un chico de 19 años, sentado, con una cicatriz vertical en el pecho, un guante azul y una sonrisa tranquila. En las manos sostiene un corazón. El suyo.

Se llamaba Brandon Linkenhoker. Nació en 1992 en Carolina del Norte. Le gustaba la música, sus amigos, la vida. Usaba el nombre de XanderLink para componer. Un chaval normal. Hasta que a los 18 le diagnosticaron insuficiencia cardíaca congestiva. Su corazón ya no bombeaba bien.

De pronto, su vida se llenó de consultas, hospitales y tratamientos. Mientras otros salían con amigos o pensaban en el futuro, él pensaba en si su corazón aguantaría. Los tratamientos no funcionaron. La solución era un trasplante.

La operación y la muerte

El 13 de octubre de 2011, nueve días después de cumplir 19, lo operaron en el Centro Médico de la Universidad Duke. Le sacaron el corazón enfermo y le pusieron el de un donante. Salió bien. Recuperó la esperanza. Habló públicamente de su experiencia, de su fe, de sus ganas de volver a la música y a las excursiones. Fue entonces cuando se hizo la foto.

Ahí está: cicatriz reciente, guante azul, el corazón viejo en las manos. Ese órgano había latido dentro de él durante casi 19 años. Había latido cuando aprendió a caminar, cuando compuso sus primeras canciones, cuando imaginó todo lo que quería hacer. Ahora lo tenía delante, fuera de su cuerpo.

Pero la recuperación no salió como esperaba. Aparecieron complicaciones. El 27 de julio de 2012, nueve meses después del trasplante, Brandon murió en el mismo hospital donde lo habían operado. Tenía 19 años. Su familia y sus amigos lo despidieron recordando su música, su fe y sus ganas.

Quedó la foto. Un chico de 19 años, con su corazón en las manos y una sonrisa. La imagen de alguien que tuvo una segunda oportunidad y no le alcanzó. Pero que, al menos, la tuvo. Y la sostuvo. Literalmente.

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