
Un triste y defenestrado proyecto europeo
Por jorge Menéndez ()
Cabrils.- Lo que un día estadistas de talla mundial como Felipe González o Helmut Kohl construyeron —transformando la Comunidad Económica Europea en la Unión Europea, un proyecto pensado para derribar fronteras económicas y sociales— hoy ha sido llevado a la irrelevancia económica, política y social por una generación de dirigentes europeos descerebrados.
En la nueva geopolítica, como ya se ha demostrado, Europa no cuenta. Ni siquiera para su aliado histórico, Estados Unidos, que se ha cansado de financiar tanto la guerra de Ucrania como la defensa europea.
La irrelevancia política de Europa, empeñada en sostener a Ucrania cueste lo que cueste en su guerra contra Rusia, ha impedido que el continente ocupe su silla como actor principal en el desenlace del conflicto. Y, de paso, ha diluido su peso específico en el nuevo tablero mundial.
La miopía de los políticos europeos ha convertido a Ucrania en un lastre económico y militar que Europa no puede permitirse, y aun así la apuesta continúa.
Sin embargo, el tiempo va poniendo las cosas en su sitio: la señora Kallas ha declarado que ha llegado la hora de reunir a los países de la UE para designar un interlocutor en unas posibles negociaciones con Rusia, intentando así recomponer una relación perdida.
Ucrania, por supuesto, se opone a estas nuevas posiciones que empiezan a madurar en el seno europeo. La apuesta de Vladímir Zelenski es la huida hacia adelante, aunque eso implique la aniquilación de su propio pueblo. De hecho, ha propuesto como mediadores al ministro de Exteriores noruego o al de la India, buscando apartar a Europa de cualquier negociación con Rusia y seguir viviendo del dinero de los contribuyentes europeos.
Una propuesta que nació muerta
Paralelamente, el secretario general de la OTAN ha puesto sobre la mesa la creación de un fondo fijo del 0,25% del PIB de la Unión para financiar armamento para Ucrania, reconociendo que la mayoría de los países están en contra de su propuesta.
Así, por un lado se empieza tímidamente a hablar con Rusia, y por otro se pretende seguir rearmando a Ucrania. Una contradicción que refleja la desunión interna de un proyecto sin rumbo, encabezado por políticos irrelevantes que solo piensan en enriquecerse.
Esta misma semana a Zelenski le ha estallado otro escándalo: su exjefe de gabinete, Andrei Ermakov, fue esposado y encarcelado después de que el comité anticorrupción ucraniano detectara el desvío de más de 10 millones de euros procedentes de fondos europeos para la compra y legalización de inmuebles de varias figuras cercanas al presidente.
Tras el pago de una fianza de 3 millones por parte de oligarcas ucranianos, Ermakov fue liberado, aunque ya se comenta que podrían imputársele más casos de corrupción. Estamos hablando del director de la oficina presidencial y jefe de las delegaciones ucranianas en las conversaciones de paz con Estados Unidos y Rusia.
Europa, desde luego, calla. Igual que calló con el escándalo de los 100 millones del señor Mindich, mano derecha de Zelenski, y de otros tres ministros.
Así vamos.





