
Diez fortunas cubanoamericanas que explican el poder económico de Miami
Durante décadas, el exilio cubano fue contado desde la pérdida: la casa dejada atrás, la empresa intervenida, la familia partida, el idioma reconstruido en otro país. Pero hay otra historia, menos sentimental y más estructural, que ayuda a entender el peso actual de la diáspora cubana en Estados Unidos: la historia de su acumulación de capital.
No se trata solo de nombres ricos ni de cifras llamativas. Se trata de una arquitectura económica levantada sobre sectores decisivos: infraestructura, azúcar, bienes raíces, salud, distribución, supermercados, automóviles, entretenimiento y medios hispanos.
En el sur de Florida, especialmente en Miami-Dade, el capital cubanoamericano pasó de ser un capital de supervivencia a convertirse en capital de infraestructura. Ya no solo abrió cafeterías, bodegas o pequeños comercios: ayudó a tender redes eléctricas y de telecomunicaciones, a levantar torres residenciales, a controlar cadenas de suministro, a financiar hospitales, a vender automóviles, a refinar azúcar y a convertir la cultura latina en una marca global.
Este análisis repasa diez grandes referencias de esa riqueza cubanoamericana. No todas las fortunas son comparables entre sí: algunas son patrimonios personales estimados por rankings financieros, otras son conglomerados familiares o empresas privadas con ingresos relevantes. Por eso, más que una lista rígida, conviene leerla como un mapa de poder.
Un capital nacido de tres etapas históricas
La acumulación cubanoamericana no surgió de una sola generación ni de una sola fórmula. Puede entenderse en tres etapas.
La primera fue la reconstrucción, entre los años sesenta y setenta. Quienes llegaron tras 1959 tuvieron que rehacer redes familiares, profesionales y comerciales. Muchos no empezaron desde cero en términos de capital humano: traían formación, cultura empresarial, contactos o experiencia administrativa. Pero sí tuvieron que reconstruir patrimonio en un país nuevo.
La segunda etapa fue la consolidación, entre los años ochenta y los primeros años del siglo XXI. Miami dejó de ser una ciudad periférica y comenzó a transformarse en una plataforma financiera, inmobiliaria y cultural para América Latina. En ese contexto crecieron empresas como MasTec, The Related Group, Sedano’s, Pharmed Group o Spanish Broadcasting System.
La tercera etapa es la actual: diversificación global, sucesión generacional y entrada en sectores de alto valor simbólico, como el deporte, el arte, la tecnología, la salud especializada y el real estate de lujo.
El resultado es una élite económica que no solo posee dinero, sino influencia institucional. Muchos de estos empresarios participan en universidades, museos, hospitales, fundaciones, campañas políticas, juntas corporativas y proyectos urbanos. Esa es la clave: el capital cubanoamericano no se limita a acumular; también organiza territorio, reputación y poder.

Jorge Mas Santos: infraestructura, fútbol y visibilidad global
Jorge Mas Santos es hoy una de las figuras más visibles del empresariado cubanoamericano. Su nombre une dos mundos que rara vez aparecen juntos: la infraestructura pesada y el espectáculo deportivo global.
Como presidente de MasTec, heredera de la empresa fundada por su padre Jorge Mas Canosa, Mas Santos convirtió un negocio vinculado al tendido de cables y servicios de telecomunicaciones en una de las grandes firmas estadounidenses de ingeniería e infraestructura. La compañía opera en redes eléctricas, telecomunicaciones, gas, energía y construcción especializada.
MasTec se beneficia de una tendencia de fondo: Estados Unidos necesita modernizar redes eléctricas, expandir telecomunicaciones, reforzar infraestructura energética y adaptar sistemas a una economía cada vez más digital. En ese terreno, el capital cubanoamericano dejó de estar ligado únicamente al comercio local para convertirse en contratista de la modernización física del país.
Pero el salto más visible de Jorge Mas llegó con Inter Miami CF. La llegada de Lionel Messi en 2023 cambió la escala comercial del club y convirtió a una franquicia joven de la MLS en una marca deportiva global. Para Mas, el fútbol no es solo pasión: es una plataforma de valor, turismo, derechos de transmisión, patrocinio, urbanismo y reputación internacional.
Su caso simboliza una mutación: del exilio político de la generación de su padre al capitalismo global de la generación empresarial actual. Mas no solo administra empresas; administra visibilidad.
Los Fanjul: azúcar, tierra y poder político
La familia Fanjul representa una continuidad distinta. A diferencia de otros empresarios que construyeron su fortuna enteramente en Estados Unidos, los Fanjul procedían de una élite azucarera cubana anterior a 1959. Tras la expropiación de sus activos en la isla, reconstruyeron su base económica en Florida y el Caribe.
Su imperio se asocia a Florida Crystals, American Sugar Refining y marcas históricas como Domino Sugar. También tiene presencia en República Dominicana a través de Central Romana y activos vinculados a tierra, turismo y producción agrícola.
La importancia de los Fanjul no se mide solo por el azúcar que producen o refinan. Su verdadero peso está en la integración vertical: tierra, cultivo, procesamiento, refinación, marcas de consumo y capacidad de cabildeo. En una industria tan regulada como la azucarera, la influencia política es casi tan importante como la eficiencia productiva.
Durante años, los Fanjul han sido citados como ejemplo de una familia capaz de relacionarse con ambos grandes partidos estadounidenses. Esa estrategia bipartidista refleja una idea central del capitalismo de alto nivel: el poder económico busca estabilidad regulatoria, no solo ganancias inmediatas.
También hay controversias. Críticos de la política azucarera estadounidense han cuestionado los beneficios, subsidios y protecciones que recibe el sector. Esa tensión hace del caso Fanjul uno de los más reveladores: muestra cómo una fortuna del exilio puede convertirse en actor del debate nacional sobre agricultura, comercio, medio ambiente e influencia política.
Jorge Pérez: el hombre que convirtió Miami en skyline
Jorge Pérez, nacido en Argentina de padres cubanos, es una de las figuras más influyentes en la transformación urbana de Miami. Fundador de The Related Group, pasó de la vivienda asequible al desarrollo de condominios de lujo y terminó siendo conocido como el “Condo King”.
Su trayectoria explica buena parte del Miami contemporáneo. En los años ochenta, el negocio inmobiliario cubanoamericano aún estaba asociado a barrios, pequeños edificios, oficinas y comercios locales. Pérez entendió que Miami podía convertirse en refugio de capital latinoamericano, vitrina de lujo y ciudad global.
The Related Group desarrolló decenas de miles de unidades residenciales y participó en la verticalización de zonas clave. Brickell, Downtown Miami, Edgewater y otras áreas no pueden entenderse sin ese ciclo de inversión inmobiliaria que atrajo capital de América Latina, compradores extranjeros, arquitectos de prestigio y una nueva cultura de vida urbana.
El impacto de Pérez también es cultural. Su apoyo al Pérez Art Museum Miami ayudó a reforzar la idea de Miami como ciudad de arte contemporáneo y no solo como destino turístico. En su caso, la filantropía opera como algo más que generosidad: es construcción de legado.
La fortuna de Pérez revela una paradoja: el mismo mercado inmobiliario que enriqueció a Miami también encareció la ciudad para miles de residentes. Por eso su figura debe leerse con matices. Fue constructor de valor urbano, pero también protagonista de una transformación que elevó precios, desplazó comunidades y consolidó una ciudad cada vez más desigual.
Armando Codina: la ciudad dentro de la ciudad
Armando Codina pertenece a otra escuela del real estate: menos asociada al brillo de los condominios frente al mar y más vinculada al desarrollo urbano planificado. Su nombre está ligado a Codina Partners y a proyectos como Downtown Doral, una operación que transformó suelo suburbano y corporativo en un centro mixto con viviendas, comercios, oficinas, escuelas y espacios públicos.
Su visión consiste en crear centralidad donde antes había periferia. En una región marcada por la expansión horizontal, el tráfico y la fragmentación urbana, proyectos como Downtown Doral muestran cómo el capital privado puede rediseñar la vida cotidiana: dónde se trabaja, dónde se compra, dónde estudian los hijos y cómo se valora el suelo.
Codina también representa la transición generacional. Su hija Ana-Marie Codina participa en la dirección de la firma, una señal de cómo varias fortunas cubanoamericanas están pasando de fundadores carismáticos a estructuras familiares profesionalizadas.
Ese relevo importa. La primera generación construyó con instinto, riesgo y memoria del desarraigo. La segunda y tercera operan con escuelas de negocios, capital institucional, fondos de inversión, arquitectura global y estrategias de marca.
Carlos de la Cruz: distribución, bebidas y bajo perfil institucional
Carlos de la Cruz muestra otra cara de la riqueza cubanoamericana: la logística del consumo masivo. A través de CC1 Companies, su grupo ha estado vinculado a operaciones de embotellado, distribución de bebidas y negocios relacionados con Coca-Cola en Puerto Rico y otros mercados del Caribe.
A diferencia de los desarrolladores inmobiliarios, de la Cruz ha mantenido un perfil más bajo. Su poder no está en levantar torres visibles, sino en mover productos, administrar marcas, sostener cadenas de distribución y operar negocios de alta recurrencia.
Ese tipo de capital es menos glamuroso, pero muy resistente. En economías modernas, quien controla distribución controla acceso: a bebidas, alimentos, marcas, rutas, almacenes, proveedores y puntos de venta.
La familia de la Cruz también ha construido prestigio cultural a través del coleccionismo de arte y la De la Cruz Collection en Miami. Ese vínculo entre capital empresarial y capital cultural se repite en varias fortunas cubanoamericanas. El arte, los museos y las universidades funcionan como espacios de legitimación social.
Mike Fernandez: salud, capital privado y movilidad social
Miguel “Mike” Fernandez es uno de los grandes nombres cubanoamericanos del sector salud. Fundador de MBF Healthcare Partners, ha participado en la creación, crecimiento y venta de numerosas empresas de servicios médicos.
Su modelo se basa en detectar ineficiencias del sistema sanitario estadounidense, agrupar operaciones, escalar servicios y vender compañías a grandes actores del sector. Es una forma de capitalismo sofisticado: no depende de una tienda, una marca o una propiedad, sino de entender regulación, seguros, atención gestionada, redes médicas y apetito de adquisición de empresas públicas.
Fernandez encarna también una narrativa poderosa para el público cubano: la del inmigrante que no siguió una ruta lineal, pero terminó construyendo un imperio en un sector complejo. Su historia incluye servicio militar, negocios, inversiones y filantropía.
Su perfil político y social ha sido igualmente visible. Ha defendido causas migratorias y ha donado sumas importantes a organizaciones de salud, educación y asistencia. En su caso, la riqueza no solo compra activos: financia posiciones públicas.
Frank Rodríguez: el automóvil como máquina de escala
Frank Rodríguez construyó su camino en una industria altamente competitiva: los concesionarios de automóviles. Greenway Automotive Group se convirtió en una red importante de venta de vehículos, con presencia en varios mercados y una estructura capaz de competir en volumen, financiamiento, inventario y servicio.
La venta de autos en Estados Unidos no es un negocio simple. Requiere capital para inventario, relaciones con fabricantes, capacidad financiera, gestión de crédito, posventa, marketing local y adaptación tecnológica. Rodríguez entendió que el concesionario tradicional podía escalarse como plataforma empresarial.
Su caso es relevante porque conecta con una dimensión clásica del ascenso inmigrante: empezar desde posiciones comerciales y construir una organización mediante ventas, disciplina operativa y adquisiciones.
En una economía como la estadounidense, el automóvil es más que transporte. Es crédito, movilidad laboral, consumo familiar y símbolo de integración. Quien domina ese mercado domina una parte esencial de la vida diaria.
Emilio y Gloria Estefan: la economía cultural como poder blando
Emilio y Gloria Estefan no tienen la fortuna industrial más grande de esta lista, pero su influencia simbólica es inmensa. Convirtieron la música latina en un lenguaje comercial global y ayudaron a situar a Miami como capital cultural hispana.
Su riqueza procede de música, producción, derechos, espectáculos, restaurantes, hoteles, bienes raíces y una marca personal construida durante décadas. Pero su verdadero aporte fue demostrar que la identidad cubana podía convertirse en industria cultural sin quedar encerrada en la nostalgia.
Los Estefan ayudaron a cambiar la percepción de Miami. En los años ochenta y noventa, cuando la ciudad todavía arrastraba estigmas de violencia, crisis urbana y marginalidad, la música, la televisión y el entretenimiento latino contribuyeron a vender otra imagen: una ciudad bilingüe, caribeña, moderna, aspiracional.
Ese poder blando también es capital. Atrae turismo, inversiones, marcas, restaurantes, hoteles, productoras y talento creativo. La cultura abre puertas que la política o la banca no siempre pueden abrir.
Sedano’s y Pharmed: negocios nacidos de la comunidad
Armando Guerra y la familia vinculada a Sedano’s Supermarkets representan el capital de proximidad. Sedano’s no es solo una cadena de supermercados: es una institución del consumo latino en Florida. Su fortaleza ha estado en entender productos, hábitos, idioma, nostalgia culinaria y confianza comunitaria.
Mientras grandes cadenas compiten por escala, Sedano’s conserva una ventaja cultural. Para muchos inmigrantes, comprar alimentos no es un acto neutro: es una forma de recordar país, familia y pertenencia. Esa sensibilidad permitió a la cadena sostenerse frente a competidores mucho más grandes.
Por su parte, Jorge y Carlos de Céspedes construyeron Pharmed Group en el sector de suministros médicos y farmacéuticos. Su historia muestra el atractivo del negocio de salud, pero también sus riesgos. El sector médico mueve enormes cantidades de dinero, depende de regulación estricta y puede enfrentar tensiones legales, financieras y reputacionales.
Incluir estos casos permite evitar una lectura demasiado elegante del capital. La riqueza no siempre avanza en línea recta. También enfrenta crisis, investigaciones, deudas, transformaciones tecnológicas y cambios de mercado.
El caso Raúl Alarcón Jr.: cuando el viejo poder mediático se agota
Raúl Alarcón Jr. y Spanish Broadcasting System merecen un apartado porque muestran el lado vulnerable de la élite cubanoamericana. SBS fue durante décadas una pieza central del mercado hispano de radio, con emisoras influyentes en ciudades clave y una enorme capacidad de conectar con audiencias latinas.
Pero la radio tradicional ha sufrido una presión intensa por la migración de publicidad hacia plataformas digitales, streaming, redes sociales y audio bajo demanda. En 2026, SBS anunció su intención de acogerse al Capítulo 11 de bancarrota para reestructurar deuda, una señal clara de que incluso marcas históricas pueden quedar atrapadas por modelos de negocio que pierden velocidad.
El contraste con MasTec, Inter Miami o el real estate de lujo es evidente. Mientras algunos capitales cubanoamericanos se expandieron hacia infraestructura, deporte global o bienes raíces de alta demanda, los medios tradicionales enfrentaron una transición más dura.
La lección es importante: la identidad comunitaria ya no basta para sostener una empresa si el modelo económico se desplaza. El público hispano sigue existiendo; lo que cambió fue la forma de monetizar su atención.
¿Qué sectores concentran el poder cubanoamericano?
Al mirar estos casos en conjunto aparece un patrón claro. Las grandes fortunas cubanoamericanas no se distribuyen al azar. Se concentran en sectores con tres características: activos físicos, demanda recurrente e influencia regulatoria.
El real estate domina porque Miami convirtió la tierra en una máquina de valorización. La infraestructura crece porque Estados Unidos necesita redes más modernas. La agroindustria resiste porque los alimentos y las materias primas tienen demanda estable. La salud atrae capital porque combina necesidad social, gasto público, seguros privados y consolidación empresarial. La distribución y el retail sobreviven porque controlan hábitos diarios. La cultura y el deporte aportan marca, reputación y alcance internacional.
Dicho de otro modo: el capital cubanoamericano más exitoso no se limitó a vender productos. Se colocó en los puntos de paso obligados de la economía.
Donde hay electricidad, telecomunicaciones, vivienda, azúcar, supermercados, hospitales, autos, música, radio o fútbol, hay flujos constantes de dinero. Y donde hay flujos constantes, hay poder.
Lo que esta riqueza dice sobre Cuba y su diáspora
Para un lector cubano, este mapa puede provocar sentimientos mezclados. Por un lado, muestra la capacidad de la diáspora para prosperar en condiciones de competencia, crédito, propiedad privada y apertura de mercado. Por otro, revela una distancia dolorosa entre la escala del capital cubano en el exterior y las limitaciones materiales que enfrenta la población dentro de la isla.
La pregunta de fondo no es solo quiénes son los cubanoamericanos más ricos. La pregunta es qué condiciones hicieron posible esa acumulación: seguridad jurídica, acceso a financiamiento, redes familiares, educación, libertad empresarial, instituciones, mercado interno grande y conexión con América Latina.
También hay que mirar las sombras. Algunas de estas fortunas crecieron en sectores criticados por desigualdad, subsidios, especulación inmobiliaria, concentración de mercado o influencia política. La historia del éxito económico nunca es pura. Tiene mérito, visión y trabajo, pero también poder, lobby, ciclos favorables y estructuras que no todos pueden aprovechar.
Ahí está precisamente su interés periodístico. Estas fortunas no deben contarse como cuentos de hadas empresariales, sino como fenómenos de economía política.
La nueva generación: menos exilio, más globalización
El futuro de estas fortunas dependerá de la sucesión generacional. Los fundadores o herederos directos del exilio tenían una relación emocional intensa con Cuba. Sus hijos y nietos, aunque conserven identidad cubana, operan cada vez más como empresarios globales.
Para ellos, Miami no es solo refugio del exilio: es plataforma de inversión, ciudad-marca, centro financiero, nodo deportivo, mercado inmobiliario y punto de entrada a América Latina.
Esa transformación puede cambiar la relación entre capital cubanoamericano y Cuba. La generación fundadora miraba la isla desde la pérdida y la política. La nueva generación podría mirarla, llegado el momento, desde la oportunidad económica, el turismo, la tecnología, los servicios, la infraestructura o la reconstrucción.
Nada de eso significa que exista un retorno automático del capital. Sin garantías legales, transparencia y reglas claras, ninguna fortuna seria arriesgaría grandes inversiones. Pero si Cuba cambia algún día sus condiciones institucionales, parte del capital humano y financiero de la diáspora podría convertirse en actor decisivo.
Una ciudad levantada por el desarraigo
La historia de estas diez fortunas no es únicamente una historia de millonarios. Es la historia de cómo una comunidad desplazada convirtió el desarraigo en plataforma económica.
Jorge Mas representa la infraestructura y el deporte global. Los Fanjul, la continuidad agrícola y el poder político. Jorge Pérez y Armando Codina, la transformación física de Miami. Carlos de la Cruz, la logística del consumo. Mike Fernandez, la sofisticación financiera de la salud. Frank Rodríguez, la escala comercial del automóvil. Emilio y Gloria Estefan, la economía cultural. Sedano’s, el comercio comunitario. Pharmed y SBS, los riesgos de sectores regulados o golpeados por cambios tecnológicos.
El resultado es una arquitectura de capital que ya forma parte del poder estadounidense. Miami no sería la misma sin el exilio cubano; pero el exilio cubano tampoco sería el mismo sin Miami.
La gran pregunta para el futuro es si esa riqueza seguirá mirando a Cuba solo como memoria o si algún día podrá mirarla como proyecto. Mientras tanto, su huella ya es visible: en las torres, los cables, los estadios, los supermercados, las colecciones de arte, los hospitales, las emisoras, los hoteles y las marcas que hicieron del sur de Florida una capital económica del mundo hispano.






