
Feliz Día de los Niños… si logran encontrar algo para celebrar
Por Oscar Durán
La Habana.- Este domingo Cuba celebró el Día de los Niños, una tradición instaurada por Fidel Castro en 1973 y que, según la propaganda oficial, sirve para homenajear a quienes representan el futuro de la nación.
Lo curioso es que ese futuro lleva años creciendo entre apagones de 20 horas, escuelas con serias carencias, hospitales sin medicamentos y mesas donde cada vez hay menos comida. Pero tranquilos, porque para eso está el discurso: mientras la realidad se derrumba, siempre habrá una consigna para maquillar la desgracia.
El régimen presume de haber aprobado un flamante Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes. Muy bonito sobre el papel. Habla de derechos, protección, participación y bienestar. El problema es que ningún código llena un plato vacío. Ninguna ley puede sustituir el vaso de leche que desapareció de millones de hogares, ni devolver los juguetes que hoy son un lujo reservado para quienes reciben remesas. En Cuba abundan las normas; lo que escasea es todo lo demás.
Hablan también de sonrisas y alegría. ¿Dónde? Porque el niño cubano de hoy no sueña con bicicletas ni videojuegos. Sueña con que no se vaya la corriente para poder dormir, con que aparezca un pollo en la bodega o con que sus padres no tengan que despedirse en un aeropuerto para buscar el futuro que la Revolución les negó.
La infancia en Cuba se ha acostumbrado demasiado pronto a palabras como escasez, apagón, inflación y emigración. Ese es el verdadero legado que están dejando.
Mientras tanto, los hijos y nietos de la cúpula gobernante celebran el Día de los Niños muy lejos de esa realidad. Ellos no hacen cola por un helado derretido, no esperan una guagua bajo el sol ni estudian con un abanico en la mano porque se fue la electricidad. Para esa élite sí hay juguetes, vacaciones, internet sin restricciones y supermercados abastecidos. Parece que en Cuba existen dos infancias: la de los privilegiados y la de los que nacieron con el apellido equivocado.
Así que feliz Día de los Niños, sí. Ojalá algún día los pequeños cubanos puedan celebrarlo sin que les hablen de resistencia, creatividad o bloqueo. Ojalá puedan tener una infancia normal, donde la mayor preocupación sea ensuciarse jugando y no preguntarle a su madre qué van a comer mañana. Ese será el verdadero homenaje a la niñez cubana. Todo lo demás, incluidos los discursos oficiales, no pasa de ser otra piñata… vacía.






