
El primer objetivo
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Según el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante su intervención en una cumbre sobre terrorismo, “Cuba es un proxy de Irán en el continente americano”. Si esa afirmación es correcta, significa que el régimen de La Habana actúa como un instrumento de los intereses estratégicos de Irán en esta parte del mundo.
Llevando esa lógica hasta sus últimas consecuencias, se podría interpretar que, si el régimen teocrático iraní llegara a entrar en un conflicto de mayor envergadura con Estados Unidos, el régimen cubano asumiría la posición que le dictaran sus aliados. Esa interpretación es mía, no forma parte de las declaraciones de Marco Rubio, pero es una conclusión que considero coherente con la alianza política y militar que ambos gobiernos han construido durante años.
No obstante, el anuncio más importante del secretario de Estado fue otro: la creación de una coordinación internacional para combatir el terrorismo de izquierda. De concretarse esa iniciativa, estaríamos hablando de una estrategia dirigida contra organizaciones y gobiernos que han utilizado la violencia, la subversión y el apoyo a grupos armados como herramientas para expandir su proyecto ideológico bajo el discurso de combatir el imperialismo y el capitalismo.
Si ese va a ser el criterio, entonces el primer gobierno que debería estar en esa lista es el de Cuba. Durante más de seis décadas, el castrismo ha sido señalado por brindar apoyo político, logístico o entrenamiento a diversos movimientos revolucionarios y organizaciones armadas en América Latina y otras regiones del mundo. Esa realidad forma parte de una larga historia que difícilmente pueda ignorarse cuando se habla del terrorismo de extrema izquierda.
Si el objetivo es combatir ese fenómeno con seriedad, sería contradictorio comenzar por cualquier otro lugar sin antes examinar el papel que ha desempeñado el régimen cubano como uno de sus principales promotores históricos en el continente.






