CLIENTE CINCO ESTRELLAS

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Por Arturo Mesa
…de la serie (Los Atlantianos)…
Atlanta.- Yo sabía que iba a ser un mal día. Menos cuatro grados Celsius al sol desde las dos de la tarde, no es gracia para un cubano. Entraba sobre las tres al restaurante y me dispuse a tomar un bus para allá y seguir probando mi resistencia térmica y un Uber a la vuelta.
Para allá todo bien. Los Uber te califican igual que tú los calificas a ellos y como no me he demorado ni cinco minutos esperando uno, supongo que me tengan como cliente cinco estrellas. No debía tener problemas al regresar.
Aquel restaurante metía miedo cuando llegué y no dejó de meter miedo hasta las ocho de la noche cuando ya la temperatura había bajado a menos ocho. Sobre las nueve me le acerco a la jefa y le digo, ¿qué? ¿ya me va a dejar ir, vedad?
La mujer me dice que sí y me recuerda que recoja los menús y ayude a ponerle un poco de orden a aquello antes de irme. A eso le llaman el “side work” e incluye limpiar los cristales, revisar los baños, asegurarse que los tablets de los pedidos estén conectados y no quede nada pendiente.
Como yo soy un cliente cinco estrellas, no llamé al uber de inmediato porque mi side work se lleva como 10 minutos o más. Revisé los baños, recogí los menús regados y solo cuando me dispuse a limpiar los cristales llamé al Uber.
Son dos las puertas de cristal y se limpian por dentro y por fuera con una sustancia que se llama Windex -es un spray y va ustedes la conocen pero este luyanense no-. Una de las puertas da a un patio interno y la otra directo a la calle.
El señor Seung lo recogerá en tres minutos me dice la aplicación de Uber. Le paso el trapito como es costumbre a los cristales, pero cuando le paso al de afuera veo que el Uber va casi doblando la esquina y me apuro. Entonces es cuando noto una pequeña manchita en el cristal de afuera. Uhm! Échale más windex y al momento la manchita se hace más grande. Échale más y ya cambió de categoría de machita a manchota. El uber entrando al restaurante. Ya me estresé y urgente voy a buscar a la gerente.
-Dígame qué hago con este cristal, le digo. Mira lo que me está pasando y ahí está mi Uber. Aquella mujer mira el espectáculo y me dice:
-Ay, estos caribeños me van a volver loca. Lo que está pasando, papito, es que afuera hay menos diez grados y lo que le estás tirando al cristal es puro hielo. Dale, anda, que se te va el carro.

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