Carta a Colón: el segundo descubrimiento

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La Habana.- Una cubana, sin nombre tal vez, envío una carta al Gran Almirante para contarle la realidad de Cuba, 534 años después de que él arribara a la isla y tomara posesión a nombre de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. A continuación, la misiva:

«Querido Cristóbal Colón:

Te escribo desde Cuba para informarte que, después de más de 500 años, seguimos prácticamente como nos encontraste… aunque con algunas diferencias importantes.

Por ejemplo, hemos perdido varias habilidades ancestrales. Ya casi no somos agricultores; ahora nuestro principal cultivo son las remesas que llegan del extranjero. Sembramos un mensaje por WhatsApp y esperamos la cosecha en dólares.

Tampoco somos grandes cazadores. No porque nos hayamos vuelto pacifistas, sino porque ya no queda nada que cazar. Los gatos andan con guardaespaldas, los perros tienen más posibilidades de emigrar que algunas personas y los gorriones desaparecieron misteriosamente. Dicen las malas lenguas que la última bandada fue vendida en paquetes de 230 pesos para comprar internet.

También perdimos la habilidad de hacer fuego con piedras. Aunque, siendo sinceros, tampoco hace mucha falta. Aquí no hacemos fuego… ni hacemos luz. La electricidad aparece y desaparece con tanta frecuencia que algunos ya la consideran un fenómeno paranormal. Hay niños que dibujan el sol con una factura al lado, por si acaso algún día también deciden cobrarlo.

La comida es tan escasa que los mosquitos pican con culpa. Algunos entran a las casas, miran la nevera vacía y salen donando sangre. Las guaguas siguen pasando, pero nadie sabe exactamente cuándo. Son como los eclipses: se anuncian, generan expectativa y, cuando aparecen, ya es demasiado tarde.

Querido Cristóbal, después de analizar la situación, quisiera pedirte un favor histórico: vuelve a descubrirnos, porque evidentemente algo salió mal en el primer intento. Ven con las tres carabelas, pero esta vez trae combustible, un par de plantas eléctricas, algunos agricultores, varios mecánicos y, si te queda espacio, unos cuantos gorriones para repoblar el país. Tal vez, con un segundo descubrimiento, tengamos mejor suerte».

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