El Balón de Oro no se gana con propaganda: Lamine, Raphinha y el globo que puede explotar

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Ahora está de moda hablar del Balón de Oro, puesto que ya están las candidaturas. La maquinaria propagandística del Barcelona, después de quemar a Ansu Fati como sucesor de Leo Messi, apuntó con toda su fuerza hacia Lamine Yamal y no ha cejado en su empeño de coronarlo como Balón de Oro. Esa es una realidad que ha querido convertir, sin dudas, a un buen prospecto en un jugador planetario del nivel de los cracks mundiales.

Ayer leía unas declaraciones de Lamine comparándose con Mbappé y diciendo que él se merecía el Balón de Oro. Estas son las consecuencias de inflar el globo a un jugador muy bueno, pero que ni por su juego ni por su influencia sobre el equipo siquiera se aproxima a crack. Un chico de 19 años no tiene un historial competitivo, de ninguna manera, para aspirar a ser Balón de Oro. Les recuerdo que el Balón de Oro, concebido inicialmente, se entregaba por méritos individuales, aunque ciertamente esto se ha ido prostituyendo. Tristemente, es así.

Raphinha mejor que Lamine

Desde luego, y no me voy a detener en eso, Mbappé es una estrella muy, muy superior a Lamine. Con solo ver el Mundial se entiende. En el Barça, más allá de la fanaticada de Lamine, hay que abrir los ojos y ver a un Raphinha como el crack mundial que es: jugando en diferentes posiciones, siempre sobresale por su incansable trabajo y su efectividad de cara al gol. Sin embargo, hace dos años el Barça lo puso en el mercado y él no quiso irse, mientras que a Lamine lo elevaban al Olimpo futbolístico.

Raphinha, además de jugar y ser un crack, tiene una influencia sobre el juego del equipo veinte veces superior a la de Lamine. Es que, además de Raphinha, en el Barça hay jugadores mucho más determinantes que Lamine: Pedri y Cubarsí, para mí el mejor defensa de España y uno de los mejores del mundo.

Lamine se equivoca, o lo hacen equivocarse. No es ni la sombra de Mbappé, ni de Raphinha, ni de Kane, ni de Kvaratskhelia. Lo triste es que va por el mismo camino de quemarse que Ansu Fati. El Balón de Oro no se gana a base de titulares ni de campañas: se gana en el campo, con regularidad, con influencia real y con un historial que aún está por construir.

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