El extraño caso de un trovador

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Por Hermes Entenza ()

Nuremberg.- Cuando Amaury Pérez era joven, yacía en el piso mirando al techo mientras tarareaba una canción de Luisa María Güell. En un mal movimiento, el televisor RCA Víctor que su familia atesoraba le cayó directo en el rostro. Fue trasladado al hospital de urgencia, pues su quijada se había expandido, fracturada en veintiséis partes.

Su madre, famosa e influyente, al ver que el muchacho había quedado extendido como una alfombra, logró, con la cautela indispensable de aquellos tiempos, llevarlo a Nueva York para que lo operara el mejor cirujano maxilofacial del momento. Tras examinarlo, el especialista le confesó a Consuelito que la reconstrucción requería una aleación de hierro utilizada únicamente en las fábricas de automóviles de Detroit.

Consuelo viajó a la mítica ciudad, pero allí le advirtieron que el metal necesario para reparar la mandíbula de su hijo equivalía a la fabricación de 112 autos; la única opción era pagar dos millones de dólares.

Regresaron defraudados a La Hsbana, pero Fidel Castro ordenó fundir dos tanques de guerra T-34 para obtener el metal necesario para el arreglo facial del niño. Su madre, en señal de agradecimiento, se quedó en la isla para siempre, dedicada a la búsqueda feroz de piezas de repuesto.

Cada cierto tiempo, debía reparar las fauces de su hijo, quien no cesaba de cantar, provocando un desgaste lógico en las placas de hierro que funcionaban como mecanismos cuasi perfectos para triturar los alimentos en un extraño bolo alimenticio.

Todo marchaba bien, pero los resonadores del cantante solían fallar, causando desajustes metálicos en la armazón. Amaury, consciente de ser el primer trovador con fusión biomecánica, optó por la canción política; el repertorio romántico oxidaba las partes más sensibles de su cara, mientras que, al entonar himnos de adhesión, las piezas de los antiguos tanques se alineaban en perfecta sintonía con el momento histórico.

Pero el hierro pesa. En pocos años, su cuerpo comenzó a padecer problemas cervicales y su psiquis inició una estampida fatal hacia una profunda depresión.

Hoy, cuando lo vemos posando en fotos, rodeado de figuras importantes de la política cubana, deberíamos entender su sacrificio. Tras años de bregar, un nuevo cirujano ruso, moskovita, por cierto, le construyó un eficiente sistema de soporte corporal para que pueda interactuar con el prójimo. Amaury tiene la espalda reforzada con varillas de titanio integradas a sus huesos. Así, cuando abre la boca y su mandíbula chirría, se activa en sus caderas un sistema de contrapeso que, mediante una rondana, media tonelada de acero desciende para devolverle el equilibrio.

Deberíamos comprender a este individuo que se debate entre la canción y el peso de la vida. Le espera una vejez tan interesante como terrible pues, como el precio del acero sigue subiendo, es de suponer que, apenas parta de este mundo, sus toneladas de metal serán devueltas al Estado para fundir los cascos militares que se repartirían al pueblo en caso de que una guerra se avecine.

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