
El soldado que supo que la guerra había terminado y se escondió 28 años igual
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Shoichi Yokoi sabía que era 1972. También sabía que la Segunda Guerra Mundial había terminado. Aun así, llevaba casi 28 años escondido en la selva de Guam. Ese detalle convierte su historia en algo bastante más complejo que la de un soldado aislado que nunca recibió la noticia.
Yokoi había encontrado información sobre el final de la guerra y, al menos desde 1952, comprendía que Japón había sido derrotado. Lo que no había conseguido superar era el temor a ser capturado y una educación militar que había convertido la rendición en una deshonra.
Antes de ser soldado había sido aprendiz de sastre. Fue reclutado en 1941 y llegó a Guam en 1943. Cuando los estadounidenses recuperaron la isla en 1944, su unidad quedó destruida y Yokoi se internó en la selva. Con los años, el grupo se fue reduciendo. Cuando los dos últimos compañeros murieron, pasó sus últimos ocho años completamente solo. Y entonces, su oficio de sastre resultó inesperadamente útil.
El regreso a la realidad
Aprendió a obtener fibras de plantas y a tejer ropa. Construyó utensilios, trampas y un refugio subterráneo. Salía sobre todo de noche y obtenía alimento del río y del bosque: camarones, peces, cocos y pequeños animales. Incluso llevaba la cuenta del tiempo observando las fases de la Luna. Su vida era un ejercicio de precisión y paciencia, una rutina que no admitía fallos. Durante casi tres décadas, la selva fue su casa y su cárcel.
El 24 de enero de 1972, dos hombres CHamoru lo descubrieron junto al río. Yokoi entró en pánico e intentó resistirse, pero estaba debilitado. Creyó que iban a matarlo. En lugar de eso, lo sacaron de la selva, le dieron comida y lo entregaron a las autoridades. Cuando regresó a Japón, miles de personas fueron a recibirlo. Frente a las cámaras pronunció una frase que se haría famosa: «Es con mucha vergüenza que regreso». La guerra había terminado hacía 27 años, pero su cabeza seguía en ella.
El Japón al que volvió no era el mismo. Ese mismo año se casó, escribió sobre su supervivencia y dio conferencias. Incluso intentó ser parlamentario. Su historia quedó atrapada entre dos interpretaciones: para unos, resistencia y disciplina; para otros, el extremo de una cultura militar que enseñó a un hombre a temer más la rendición que décadas de soledad. Shoichi Yokoi sobrevivió casi tres décadas en la selva. La parte más difícil de su regreso comenzó cuando descubrió que, mientras él permanecía oculto, el país por el que estaba dispuesto a morir había aprendido a vivir de otra manera.






