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Por Reynaldo Medina Hernández ()

La Habana.- Cuando triunfó la Revolución mi padre era un joven a punto de cumplir 20 años. Entonces le dijeron: «Trabaja, esfuérzate, sacrifícate, para que tus hijos tengan un futuro mejor». Yo soy el futuro de la Revolución; no, desde luego, este hombre insignificante y prescindible, sino todos los que nacimos en aquellos primeros años.

Cuando yo cumplí la edad que tenía mi padre al triunfar la Revolución, también me dijeron: «Trabaja, esfuérzate, sacrifícate, para que tus hijos tengan un futuro mejor».

Cuando mis hijos arribaron a la edad que tenía mi padre al triunfar la Revolución, otra vez les dijeron: «Trabajen, esfuércense, sacrifíquense, para que sus hijos tengan un futuro mejor».

Ya mis hijos tienen también sus hijos y me niego rotundamente a aceptar, que cuando los biznietos de mi padre lleguen a la edad que tenía él al triunfar la Revolución, les repitan lo mismo sobre este eterno presente de sacrificios y privaciones, y ese futuro esquivo que nunca llega.

El futuro de mi país no puede ser siempre como esa línea del horizonte que vemos ahí, lejana pero aparentemente alcanzable, hacia la que avanzamos con todas nuestras fuerzas, solo para comprobar, decepcionados y sin esperanzas, que al llegar al lugar donde suponíamos que estaba antes, se encuentra a la misma distancia que cuando iniciamos el camino.

Mucho menos puede ser una utopía ubicada en el horizonte, porque la utopía es algo que no existe y el horizonte es intangible. ¿Cómo el futuro va a ser algo inexistente que supuestamente está en un espacio inalcanzable e inasible? La poesía para los poetas, los políticos a trabajar en metas concretas, realistas y alcanzables. Miren adonde hemos llegado por dejarnos guiar por políticos utopistas.

Basta de retórica, justificaciones y de culpar a otros. El tiempo para eso expiró.

67 años pueden ser pocos en el tiempo de Dios, pero son demasiados en el tiempo del Hombre. Me robaron el pasado y, a mi edad, ya no tengo futuro. Por eso, exijo mi presente ya. No sigan robándome la vida. No más.

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