
El rey de los 7.000 coches
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Hay un hombre en el sudeste asiático que vive en un palacio con más habitaciones que algunos hoteles de lujo. Hassanal Bolkiah es sultán de Brunéi desde 1967, y su residencia, el Istana Nurul Iman, tiene 1.788 habitaciones, 257 baños, cinco piscinas y una mezquita. No es un palacio, es una ciudad en miniatura. Y él es el único inquilino permanente. Pero lo que realmente lo hace extraordinario no es el tamaño de su casa, sino su colección de coches.
La cifra que ha circulado durante décadas es de 7.000 automóviles. No hay un inventario público que lo confirme, pero la realidad documentada ya es de vértigo: solo Rolls-Royce, cuenta con unos 500. A eso se suman Ferrari, Bentley, Aston Martin, y decenas de marcas más. Y no eran coches de concesionario, sino versiones exclusivas, fabricadas a medida para la familia real. Familiares descapotables, Bentley únicos, automóviles que costaban millones. En Brunéi, el lujo no se compraba, se diseñaba.

Pero la historia se volvió aún más disparatada cuando apareció el príncipe Jefri, hermano del sultán. Durante años, Jefri dirigió la Agencia de Inversiones de Brunéi, administrando una parte enorme de la fortuna del país. Cuando estalló el escándalo, tuvo que devolver propiedades, obras de arte, barcos y más de 2.000 coches. De repente, aquellos superdeportivos dejaron de ser una excentricidad para convertirse en la prueba de uno de los mayores desfalcos de la historia del reino.
La opulencia absoluta
Y mientras Jefri devolvía coches y propiedades, Hassanal Bolkiah seguía acumulando otra cosa: poder. Además de sultán y jefe de Estado, ha ejercido como primer ministro y ha controlado carteras clave como Defensa y Finanzas. Durante casi seis décadas, la riqueza, la autoridad y el lujo han estado concentrados en una misma familia. No es un cuento de hadas, es un relato de opulencia absoluta.

Las fotos del palacio y de los coches alineados en garajes son solo la punta del iceberg. Lo verdaderamente extraordinario no es que un hombre pueda tener cientos de Rolls-Royce, sino que toda esa riqueza, ese poder y ese derroche hayan permanecido durante tanto tiempo bajo un mismo techo. Y que, mientras el mundo miraba hacia otro lado, el sultán de Brunéi seguía acumulando coches, habitaciones y autoridad sin que nadie le pusiera freno. Porque, al final, el verdadero lujo no es tener un palacio, es que nadie te pregunte por qué lo tienes.






