
El canciller de la vergüenza: Bruno Rodríguez sale al rescate del nieto corrupto
Por Max Astudillo ()
La Habana.- Vaya, vaya, vaya. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, ha vuelto a demostrar que para el castrismo hay dos tipos de cubanos: los que sufren y los que merecen defensa inmediata. Mientras nueve millones de cubanos se despiertan sin luz, sin agua y sin esperanza, el señor canciller ha dedicado sus preciosos tuits a defender a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias «El Cangrejo», el sobrino-nieto que se ha convertido en la nueva joya de la corona de la corrupción dinástica.
Apenas salió el artículo de The New York Times vinculando al nieto de Raúl Castro con organizaciones mafiosas en Quintana Roo, y Rodríguez Parrilla ya estaba en Twitter (o X) calificando la investigación de «nueva fabricación calumniosa» al servicio del gobierno de Estados Unidos. Increíble velocidad para un gobierno que tarda semanas en responder a un apagón que deja a medio país a oscuras. Pero, claro, cuando se trata de defender a ‘la familia’, los burócratas castristas corren más que Usain Bolt.

«La nueva fabricación calumniosa del @nytimes contra Cuba, en cumplimiento de un servicio al gobierno de EEUU, no tiene fundamento en lo absoluto. No existe vínculo o participación alguna del gobierno cubano en operaciones de tráfico de personas en Centroamérica o México», escribió el canciller en su cuenta de la red social del pajarito. Y uno se pregunta: ¿en qué planeta vive este señor? ¿Acaso no recuerda el escándalo de los años 80, cuando su propio sistema utilizó Cuba como puente para el tráfico de drogas? ¿O prefiere hacer como que el general Ochoa y los otros tres militares fusilados no fueron ajusticiados precisamente para lavarle la cara a la dictadura? La memoria selectiva es un síntoma grave en la élite castrista.
Las mentrias del canciller
Lo que realmente indigna no son las mentiras del canciller —que son esperables en un régimen que ha hecho de la mentira su principal política de Estado—, sino la descarada prioridad que demuestran. Mientras el pueblo se muere de hambre, ellos se apresuran a defender a un coronel de la familia que no ocupa cargo oficial alguno, que es coronel solo porque su abuelo es general de Ejército, que ha viajado en el avión privado de los Castro a Panamá en múltiples ocasiones y que tiene empresas controladas por testaferros, una fortuna oculta que ni él mismo sabe cómo explicar.

Pero el canciller, en su afán de desviar la atención, suelta una perla digna de antología: dice que Cuba alertó «reiteradamente» a Estados Unidos sobre operaciones de tráfico de cubanos coordinadas desde el sur de Florida. O sea, el gobierno cubano, que tiene a su propio nieto de Raúl Castro implicado en la mafia de Quintana Roo —según documentos judiciales y testimonios de acusados que ya se declararon culpables—, quiere hacerse el inocente mientras el FBI investiga a «El Cangrejo» por su presunta colaboración con una red criminal que traficaba con cubanos y les cobraba 10.000 dólares por el viaje (https://www.nytimes.com/2026/08/11/world/americas/cuban-mafia-quintana-roo.html?searchResultPosition=3). ¿Y encima se atreve a dar lecciones de moral? La hipocresía del castrismo es tan monumental como la deuda externa de la isla.
La impunidad de los Castro
Y si esto fuera poco, el propio «El Cangrejo» ha sido señalado por dos condenados en el caso de la «Mafia Cubana de Quintana Roo» por haber facilitado el movimiento de mercancías ilícitas y migrantes, y por haber recibido artículos de lujo, como un Rolex, un yate de lujo y una motocicleta. Pero el canciller, por supuesto, no menciona esto. ¿Cómo va a mencionarlo si eso implicaría reconocer que su gobierno protege a una familia que se ha dedicado a traficar con la desesperación de miles de cubanos?

Señor canciller: cuando usted salga a defender a «El Cangrejo», recuerde que no es un funcionario público al que haya que proteger. Es un corrupto que se ha cagado en todo lo que su tío abuelo y su abuelo enarbolaron siempre como línea ética de la revolución (sin respetarla ellos mismos). Es el nieto del dictador que permitió el narcotráfico a cambio de dólares para la Revolución. Es el coronel que no tiene más mérito que haber nacido en la cuna equivocada. Y cuando usted lo defiende, no solo está mintiendo al mundo; está insultando la inteligencia de nueve millones de cubanos que saben perfectamente que en este país la justicia es para los pobres y la impunidad para los Castro.




