El lago que mezcló los muertos

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- En el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura, hay un lago de cuarenta metros de diámetro que cada verano, cuando el hielo se derrite, devuelve lo que ha guardado durante siglos: cráneos, huesos y fragmentos de cientos de personas. En 1942, un guarda forestal pensó que eran soldados japoneses. Pero los huesos resultaron ser mucho más antiguos. Y mucho más extraños.

La leyenda local cuenta que un rey, una reina y sus acompañantes ofendieron a la diosa Nanda Devi en territorio sagrado. Como castigo, una tormenta de granizo los aniquiló. Durante años, esa historia pareció encajar: varios cráneos mostraban lesiones compatibles con impactos desde arriba. Pero la ciencia, siempre tan tozuda, se encargó de complicarlo todo.

En 2019, un equipo analizó el ADN de 38 individuos y descubrió que no habían muerto juntos. Veintitrés eran del sur de Asia y murieron entre los siglos VII y X. Pero otros catorce, y esto es lo que vuelve loco a cualquier arqueólogo, tenían ascendencia mediterránea, de Grecia y Creta, y murieron alrededor del año 1800. Mil años después. Una persona del sudeste asiático los acompañaba.

La pregunta que inquieta a los arqueólogos

El lago no guarda una única catástrofe. Guarda varias. Peregrinos, viajeros, personas que llegaron desde mundos distintos y murieron en el mismo lugar, separados por un milenio. No hay documentos que expliquen por qué catorce individuos del Mediterráneo oriental viajaron hasta aquel rincón del Himalaya en el siglo XIX. La tradición no lo cuenta. La historia no lo registra. El hielo, en su silencio, los guardó sin mezclar sus fechas, pero sí sus historias.

Cada verano, cuando el lago deja ver sus huesos, no ofrece una respuesta, sino una pregunta más grande. ¿Qué hacían allí aquellos viajeros del Mediterráneo? ¿Por qué sus caminos se cruzaron, sin saberse, en el mismo lago de altura? Roopkund no es un cementerio, es un puzzle de siglos. Y el hielo, que conserva los restos, también conserva el misterio de que, a veces, los muertos no comparten época, solo comparten el mismo frío.

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